¿Me conviene emprender bajo el modelo de franquicia?

Emprender bajo el modelo de franquicia es una opción, ni la única ni la mejor.

Hace pocos días me reencontré con una amiga a la que no veía desde hace tiempo. Ya entonces se había quedado sin trabajo, pero ahora había tomado una decisión: emprender algo por su cuenta. En la capital de provincia donde vive, de tamaño medio, había detectado algunas ausencias en distintos sectores y su idea es escoger alguna de ellas y cubrirla mediante la apertura de una franquicia. Le pregunté en concreto pero todavía no sabía: hablamos de perfumerías, de hostelería y hasta de servicios.

Me conviene emprender bajo el modelo de franquicia

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Michael Coghlan

No es la primera entrada en el blog que dedicamos a las franquicias (ver aquí), pero tampoco está de más repasar algunas de la ventajas e inconvenientes que para un emprendedor tiene optar por este modelo de negocio. Veamos.

  • Puesta en marcha más sencilla.

Para los emprendedores que no tienen grandes conocimientos / experiencia en materia empresarial, abrir una franquicia representa una complejidad menor. El franquiciador, por lo general, aporta elementos claves para la apertura del negocio: estrategia de marketing y de posicionamiento en el sector (muchas veces incluso el material de promoción y publicitario); directrices básicas de gestión del negocio (según el franquiciador de que se trate: contactos con proveedores, base de datos de clientes potenciales, modelo económico, política  de selección de personal, etc.); diseño e imagen corporativas…

Sin embargo, todo lo anterior no evita que el emprendedor tenga que preocuparse y ocuparse de otros aspectos que también son importantes. Por ejemplo, todos los trámites referentes a la constitución y legalización del negocio. Por supuesto, nadie le evitará buscar y conseguir la financiación necesaria. Tendrá que tomar decisiones respecto de las necesidades de tesorería y cómo hacer frente a ellas; si emprende sólo o acompañado; buscar el local y adecuarle a los requisitos pedidos por el franquiciador; etc.

  • El éxito nadie puede garantizarlo.

La fiebre de franquicias que estamos viviendo tiene, bajo nuestro punto de vista, un peligro: creer que una firma franquiciada es garantía de éxito. Es aquí donde con más ahínco insistimos a las personas que asesoramos. Si bien es verdad que los franquiciadores, sobre todo los que tienen más experiencia, conocen el mercado y su sector y eso les permite anticipar ciertos resultados, todo esto no deja de tener únicamente un valor predictivo. Nunca tendrás la completa seguridad de que va a funcionar, exactamente igual que con cualquier otro negocio.

Ojo con esto porque hay mucha gente que se interesa por el modelo de franquicia, entra en contacto con el franquiciador y a partir de aquí la vida parece una película de color de rosa. No es así. Conocemos franquicias que, contra todo pronóstico, no han funcionado. Replicar un modelo de negocio basándose en argumentos del tipo: si funcionó en la población A (en tal calle, con tal segmento, con tales criterios…), puesto que la población B es similar a la A, entonces funcionará igual, es sólo una de las alternativas posibles. ¿Y si no ocurre así?

Por supuesto que cualquier negocio no está exento de riesgos, en la naturaleza misma de la iniciativa privada está el riesgo, pero tal vez por esa convicción se interioriza de otro modo y en parte se asume. Creer que por emprender a través de una franquicia conjuramos el riesgo de no tener éxito, es encomendarse a una fantasía y si finalmente ocurre que no sale bien, costará más recuperarse desde el plano emocional al menos.

  • Sobre el día a día y la gestión.

Una vez puesto en marcha el negocio, toca enfrentarse a los problemas del día a día y de la gestión. El franquiciador, probablemente, habrá dado pautas muy valiosas y probadas con éxito en otras experiencias previas. Cuanto mayor sea la intervención (regulación o normativa, requisitos y condiciones, etc.) del franquiciador, más sencillo resultará al franquiciado la gestión de su negocio.

La intervención del franquiciador aporta facilidad y sencillez pero sin duda resta capacidad de decisión, libertad. Pensemos que a medida que nos vayamos sintiendo cómodos en nuestro papel de gerentes y dueños del negocio, ese “salvavidas” puede empezar a pesarnos y terminar por convertirse en un lastre para llevar a cabo nuestras propias ideas.

Resulta difícil imaginar, el día que abres el cierre por primera vez, que habrá un momento que prefieres navegar sólo, pero llega. La visión de tu negocio no puede ser cortoplacista, o no debe; piensa a lo grande aunque luego ejecutes paso a paso, y en ese escenario de éxito, ¿querrás realmente pedir permiso para todo? Les pedimos a nuestros clientes que hagan el ejercicio de imaginarse a sí mismos en ese horizonte de futuro y piensen cómo les gustaría estar. Además de para ayudarles a tomar la decisión, este ejercicio sirve a la visión de la empresa que están construyendo.

  • El futuro. Crecimiento y expansión del negocio.

Precisamente en esa misma línea de visión, no está de más plantearse otros escenarios de futuro, decisiones a las que puede tener que enfrentarse: diversificación del negocio (nuevas líneas de actividad, nuevos productos o servicios), estrategias de diferenciación (marcar distancias con la competencia, construir algo realmente diferencial), internacionalización (exportación, deslocalización), nuevos canales de venta y post venta (comercio electrónico, atención al cliente vía online o redes sociales), etc.

El negocio que nace bajo el paraguas de un franquiciador está protegido (o al menos eso parece) de ciertas inconveniencias (es algo así como “saltar con red”), pero está limitado profundamente a las decisiones que marca el franquiciador.

Es verdad que siempre cabe “salirse” (esto nos lo dicen muchos aspirantes a franquiciados), pero no está exento de problemas: pago de penalizaciones por incumplimiento de compromisos con el franquiciador y/o con los proveedores, pérdida de la imagen y reputación de la marca paraguas (se pierde el capital comunicativo acumulado durante los años previos que ha estado funcionando como franquicia), costes derivados de la nueva imagen y elementos de marketing y comunicación, etc.

  • Aproximación a las necesidades pero nada es gratis.

Uno de los argumentos de mayor peso que manejan los aspirantes a franquiciados es que grandes dificultades que suponen el diseño y puesta en marcha de un negocio las solventa el franquiciador. Cuando les decimos que existen otras vías de abordar esas inconveniencias, como buscar asesoramiento externo, nos dicen que o no saben dónde y cómo buscar o que eso les costará un dinero que no aciertan ni siquiera a calcular.

Todo esto es cierto, aunque cada vez hay más gente experta y entidades que ayudan a los emprendedores en ese periplo inicial. Pero también es cierto que contar con el apoyo del franquiciador no es gratis: supone pagar la licencia de franquicia. Esto puede parecer obvio pero no lo es tanto para la gente que empieza en esta aventura. Nuestra experiencia es que parece que se les olvida que han pagado ese asesoramiento a través del pago de la franquicia.

Volvemos al punto de partida: sencillez, facilidad y ciertas garantías pero no a coste cero. El consejo que damos es que se planteen cuánto cuesta la alternativa y valoren comparando elementos iguales, lo contrario es engañarse uno a sí mismo.

 

Como entusiastas que somos de los emprendedores y de las iniciativas empresariales, la franquicia, como opción de negocio, nos resulta una alternativa válida y recomendable en algunos casos, pero no creemos que sea el santo grial ni siquiera una tabla de salvación, con carácter general. Es eso: una opción, ni la única ni la mejor.

Con todo, si decides emprender vía franquicia, adelante. Pero no te dejes engatusar con cantos de sirena. Todo siempre tiene dos caras y en este post hemos intentado mostrarte esa otra cara “B” que a veces puede llegar a obviarse.

Para terminar (y a falta de saber qué decisión tomará finalmente mi amiga), queremos contarte otra historia personal que conocemos bien y que tiene mucho que ver con todo esto. Hace bastantes años, alguien muy próximo decidió cambiar su trabajo por cuenta ajena por una iniciativa autónoma: adquirió una licencia de taxi. Apenas sabía nada del negocio y se topó con una realidad muy lejos de sus expectativas. Después de un par de años de lucha contra sus propios sentimientos, terminó por dejarlo completamente agotado. Después inició otra activad autónoma (e independiente) de la que hoy, muchos años después, continúa viviendo él y su familia.

La experiencia del taxi es válida para ilustrar lo que exponemos en este artículo. Parece sencillo emprender con unas pautas y una hoja de ruta pero no a todo el mundo le viene bien, le conviene y es realmente lo que necesita. Mi amiga Eva, coach profesional, me dice que hay tres preguntas poderosas que tienes que hacerte antes de tomar una decisión: ¿Es esto lo que necesito? ¿Me conviene? ¿Es realmente lo que yo quiero? Con ellas te dejamos, piensa muy bien en las respuestas, el futuro te va en ello.

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