Sentirse a gusto con uno mismo: deseos de Navidad

La vida no siempre se elige, qué duda cabe, pero de algún modo sí existe cierto margen de maniobra para elegir con qué te quedas y la manera en qué lo haces.

Si hay algo que en mi, todavía, corta vida como emprendedora experimento diariamente es la inmensa satisfacción de sentirme a gusto con lo que hago. Y esto es una novedad porque, como ocurre a muchos y muchas, ni mucho menos fue así en otras etapas profesionales.

emprender Navidad

Tanto es así que me he vuelto absolutamente receptiva  a señales que emiten las demás personas y que me gritan a voces que no están bien, que están “contenidos”. ¿Qué quiere decir “contenidos”? es la forma que tengo de llamar a esa actitud y ese comportamiento en el que siempre parece que se está guardando algo, que no se termina de mostrar quién es la persona ni qué siente realmente. Seguro que conocéis gente así, pensadlo un momento.

La vida no siempre se elige, qué duda cabe, pero de algún modo sí existe cierto margen de maniobra para elegir con qué te quedas  y la manera en qué lo haces. En los últimos años y a raíz de la profunda crisis económica que ha asolado España, he conocido muchas personas completamente desencantadas con sus vidas laborales y profesionales. No es que antes no estuviéramos hartos, qué va, es que hasta entonces la gente sentía que tenía la posibilidad de cambiar de trabajo de cuando en cuando. La crisis ha funcionado como una especie de condena emocional que ata a muchos profesionales a un puesto del que hace mucho que ya no se sienten parte.

Pero una cosa es estar cansado de tu trabajo, de tu jefe, de tus compañeros, y otra muy distinta es lo que yo llamo estar “contenido”. Porque si algo forma parte de nuestra cultura es la costumbre de quejarnos en grupo. Las comidas de los jueves en la oficina funcionan muchas veces como terapia, un espacio donde todos se explayan a gusto. Esto no es estar “contenido”.

Estar “contenido” es no poder decir a nadie que estás harto, que aunque parezca que tienes el trabajo de tu vida, en realidad tienes miedo a quejarte para no parecer un desagradecido. Es pensar que tal vez tu vida podía ser de otra manera y sin embargo, estás ahí, atrapado por unas cadenas que nadie ve. No es que tu trabajo sea feo, que tu profesión no te guste, que tu jefe o tus colaboradores sean un poco pesados. No es eso. Es que te quedaste con lo que vino, sin rechistar.

Pero como es Navidad y esto es un post de deseos cumplidos, tengo una buena noticia para todos los “contenidos”: no sólo puedes elegir con lo que te quedas y la manera en qué lo haces, también puedes elegir el momento en que dejas de hacerlo. Feliz Navidad!!

 

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