Emprender no es cosa fácil: las horas bajas

Emprender no es cosa fácil, las horas bajas también existen y pocas veces te preparan para ello, aprende a lidiar con ellas.

Emprender no es cosa fácil, las horas bajas también existen y aunque lo entiendes como normal nadie te prepara para ello. En efecto, la moda emprendedora te satura de buenas prácticas, consejos, características con las que identificarte, libros imprescindibles, etc. Pero, créeme, pocas veces te cuentan que la otra cara también existe y que más vale que estés preparado para cuando llegue. ¿Cuál es la otra cara?

Emprender no es cosa fácil

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Thiago A.

Te levantas un lunes por la mañana, aunque a decir verdad para ti da igual que sea lunes porque has pasado la mayor parte del fin de semana trabajando. Después de algunos meses de haber empezado tu aventura emprendedora, ya tienes ciertas rutinas – como cuando ibas a la oficina en otros tiempos -: revisar el correo (una vez más, porque lo has mirado 800 veces los dos últimos días gracias a tu smartphone), contactar con un cliente del que hace tiempo que no sabes nada nuevo, publicar unos cuantos tweets, repasar algunos blogs…

Dos horas después, relees la lista de tareas pendientes (te la sabes de memoria pero revisarla te hace sentir bien contigo mismo) y cuando toca ponerse “al tajo” te das cuenta que tu cabeza hace rato que desconectó, ¿qué es lo que pasa? Pasa que estás cansado, que duermes poco y mal, que apenas hablas de otra cosa que no sea tu negocio, que hace tiempo que no pasas un rato con tus amigos, que te sientes triste y también solo. Pasa que tienes miedo, y vértigo, y ansiedad, y…

Estás viviendo una de esas crisis de horas bajas. Todos las vivimos, aunque no es fácil que te lo cuenten porque todos prefieren ofrecer sólo su mejor cara. El que más y el que menos, nos conectamos a una de esas páginas de autoayuda, o tiramos de un amigo coach, o simplemente intentamos que pase el día deprisa que mañana se verá todo de otra forma.

No está en mi ánimo darte consejos porque ni soy uno de esos amigos coach ni psicólogo aficionado, simplemente te cuento cómo hago yo cuando llegan las horas bajas, por si te puede servir de ayuda:

  • Para empezar, no me castigo. Y esto es algo que me ha costado mucho porque al principio pensaba que el estado normal de un “buen emprendedor” era la euforia. Pero ser emprendedor no te convierte en superhéroe ni te otorga súper poderes, así es que permítete tener horas bajas que luego se pasan.
  • Sal a la calle. Una de las mejores decisiones que tomé fue buscar un espacio de coworking. En estas oficinas compartidas tienes la posibilidad de hablar con gente como tú, de hacer networking, y generar opciones de negocio que ni imaginas. Además, son un refugio estupendo en estas horas bajas, como te ocurriría con compañeros de trabajo de los de toda la vida.
  • En tu lista de tareas siempre hay alguna actividad que te gusta especialmente, utiliza tus horas bajas para ella porque te requerirá menos esfuerzo y seguro te reporta más satisfacción. Por ejemplo, a mí me encanta hacer presentaciones y procuro dedicarme a ello cuando me fallan las fuerzas; a  veces, ni siquiera es una actividad pendiente, pero abro un fichero en blanco y empiezo a hacer lo que se me ocurre: las mejores presentaciones me han salido de esas horas bajas.
  • No pienses. Aunque dicho de esta forma suena raro te garantizo que funciona. He comprobado que cuando intento tomar decisiones o sacar conclusiones a mi trabajo en esas horas bajas, lo que surge ni es eficaz ni me sirve para gran cosa (si acaso, caer en el peor de los pesimismos). Así es que cuando estoy en horas bajas, procuro dejarme llevar por la inercia y dejar para mañana decisiones y conclusiones que afecten al negocio.

Y si nada de lo anterior te funciona, no te asustes: mañana siempre llega y por alguna razón (igual al final sí que tenemos súper poderes) los emprendedores tenemos la capacidad de reponernos de las horas bajas con una facilidad pasmosa, o más bien no son súper poderes sino que sabemos que nadie va a venir a levantar nuestro negocio, así es que más vale que lo hagamos nosotros. ¡Ánimo!

 

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