Lección para empresarios novatos

Por todas partes puedes encontrar consejos sobre las habilidades que hay que desarrollar para ser un buen emprendedor pero tal vez no haya nada más aleccionador que la experiencia.

Podía ver las llamas iluminando las sombras de la noche a través de las ventanas de la casa, podía incluso sentir su calor; había unos niños que lloraban y otros que, sentados sobre la cama, contemplaban la escena sin acabar de entender si aquello era sueño o realidad. El teléfono atronaba, los mensajes se agolpaban sin dar tiempo a ser leídos, y hasta el timbre de la puerta golpeaba de sonidos que resultaban ajenos a aquellas horas de la madrugada.

empresarios novatos

Banco de imágenes de Creative Commons, autor liz west

Escuchaba contar esta historia a Jaime y a pesar de que seguramente nunca llegó a dar tanto nivel de detalle, en mi imaginación la película estaba proyectándose con toda nitidez, rellenando los huecos que el relato iba dejando. Hablaba sobre el olor a quemado con el que despertó aquella noche y con el que tuvo la certeza de que algo horrible estaba pasando y su narración chocaba con el alegre timbre de voz con el que se adornaba, y ese aspecto impecable, sin atisbo de pesadumbre. No pude entender que apenas hubieran transcurrido 6 meses de aquello, ¿cómo había conseguido sobreponerse en tan poco tiempo?

Aquel día de junio también hacía calor, mucho calor, pero un calor diferente: el de un verano que todavía es promesa. Jaime iba a recoger un merecido reconocimiento que aquella organización apegada a su propia tierra otorgaba a los empresarios que, como él, habían construido con parte de su historia la trayectoria de su pueblo.

Jaime es hijo y nieto de esos hombres y mujeres de coraje que optaron por atarse a un mundo rural en decadencia, contracorriente. No es de extrañar, con semejante ADN, que el incendio que el invierno pasado había destrozado su fábrica fuera hoy sólo un mal recuerdo del pasado. Pero yo no podía salir de mi asombro, también de mi profunda admiración: ¡cuánto me quedaba por aprender como empresaria novata!

Las casualidades no existen, dice La Princesa India (Inma Chacón), y yo me veo reflejada en esta sentencia cuando asisto a aquella entrega de premios y escucho la historia de Jaime, del que hasta ese día nunca había oído hablar, justo la misma semana que había empezado a lidiar con una dificultad seria respecto de nuestra joven empresa. Tal vez por eso estaba especialmente receptiva y quizá por ello también había sentido que aquel desconocido empresario premiado me hablaba precisamente a mí, me lanzaba un mensaje que era al mismo tiempo de alivio y de agitación.

Resultó que todo había sido incluso más dramático porque después supe que aquella fábrica que yo había contemplado como devoraban las llamas, aunque no la hubiera visto en mi vida, acababa de ser inaugurada después de una profunda reforma en la que habían empleado años y una buena suma de dinero. Una reforma motivada en parte por otro incendio anterior, de otros cuantos años atrás, que también había consumido instalaciones, maquinaria y producción. No hay seguro capaz de resarcir tanto sufrimiento, pensé yo.

El premio me parecía ya anecdótico al lado de tantas penurias. Y yo, con mi reciente problema empresarial, crecía casi al mismo tiempo que la emoción y los aplausos del público.

Después acabó el evento y el fin de semana, volvimos a la oficina y tuvimos que enfrentarnos con nuestros fantasmas. Mentiría si dijera que no desfallecí en ningún momento, sería falso: a ratos me sentí sobrepasada y angustiada, pero el mantra que había aprendido de Jaime surgía una y otra vez, tantas como fue necesario: “había ardido la fábrica, pero no se había quemado el negocio”.

Y luego se preguntan que qué hay que tener para ser un buen emprendedor: esta es la pasta de la que hay que estar hecho, aquella que en los peores tragos, cuando las dificultades amenazan con dejarte sin nada de lo que has construido, te recuerda que tu negocio está, sobre todo y por encima de todo lo material, dentro de ti y que eso no hay fuego que pueda derretirlo si tú no lo permites.

 

También te puede interesar…

Poder cambiar lo que no te gusta Las otras startups: empresa social Un post diferente: valores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *