Este es un post diferente: empresas con valores

Hay empresas que valen mucho no porque levanten grandes capitales en rondas de financiación sino porque son valiosas para la sociedad: empresas con valores.

Este es un post diferente a los que estáis acostumbrados quienes nos seguís habitualmente (ay!!!! Si no fuera por vosotros, los seguidores de COCREANET…). Este es un post que no busca transmitir experiencias y conocimientos sobre Innovación o Lean Startup o Transformación Digital o… o tal vez sí, tal vez sí busca transmitir experiencias pero de otro tipo. Este es un post que habla desde el corazón y no con poca amargura.

empresas con valores

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Marianne Bevis

Ya, me he puesto la tirita antes de llegar la herida pero como sé que hay ciertas cosas que escuecen, me estoy curando en salud y antes de que nadie diga nada ya lo digo yo: tengo cierto grado de amargura. Empecé a notarla hace pocos días (o puede que mucho más aunque no fuese del todo consciente), en un evento al que asistimos sobre emprendimiento social. Allí, al calor de una sala no demasiado llena de gente (aunque sí cargada de entusiasmo), fueron presentándose varias iniciativas que añadían un criterio más a su rentabilidad: el de la rentabilidad social.

Será porque nuestra vocación sigue siendo la misma desde siempre, porque seguimos creyendo que un mundo mejor es posible, un mundo más justo y solidario, o será porque los años nos van haciendo más conscientes de nuestra vulnerabilidad, o quizá más humildes al entender lo poco que sabemos y cuánto nos queda por aprender. No lo sé. Pero lo cierto es que, al terminar las presentaciones, empecé a notar este sabor amargo que no tengo más remedio que contaros a quienes os sentís identificados con nuestros mismos valores.

Amargura por entender la poca repercusión mediática que tienen estos emprendedores sociales versus esos otros “emprendedores de éxito” que “levantan” miles de euros en la arena pública del emprendimiento: las rondas de inversión. Amargura por comprobar que el éxito o el fracaso, en este ecosistema en el que andamos metidos, se miden en el número de dígitos de una más que dudosa cifra de valoración de una startup. Amargura por identificar, en la moda del emprendimiento y las startups, la cara ya vieja del “pelotazo”: ayer fueron ladrillos hoy son incautos emprendedores que sueñan con convertirse en el próximo Mark Zuckerberg (y conste que valoro las iniciativas filantrópicas de este señor).

Es curioso que estos otros emprendedores, con los que tuvimos ocasión de conversar después de sus presentaciones, carecen por completo de Ego. Un Ego así, con mayúsculas muy grandes, que resulta muy difícil de digerir en los que pertenecen al otro modelo. Nos llamó profundamente la atención como uno de ellos – voy a obviar dar su nombre porque estoy casi segura que no le gustaría nada que le pusieran como ejemplo –  que, además, fue antes un emprendedor de éxito que vendió su startup por una buena cifra, nos contó su historia con una humildad abrumadora, una historia en la que ha empeñado buena parte de lo que ganó en poner en marcha una iniciativa social (que, y por qué no, además también resulta ser rentable económicamente).

España carece de cobertura jurídica para las empresas sociales, nos dijeron. Pero entre la consabida ONG y la empresa de tiburones hay un largo recorrido donde caben las empresas que, además de buscar rentabilidad económica (emprendedores que, faltaría más, también comen y pagan la hipoteca) buscan un impacto positivo en el entorno, en la sociedad. Se me ocurren un buen puñado de razones para sentirnos más cerca de ellas – aunque no nos podamos llamar en puridad un emprendimiento social – que de esas otras con las que nos desayunamos casi cada día, una orgía de cruasanes en forma de “dinero levantado”, algo había que levantar (;-).

A un inversor muy querido por nosotros, una buena persona que ha dedicado su vida a levantar empresas y crear empleo, le decíamos hace poco que tuviera cuidado con confundir un negocio con una empresa. No se me ocurrió mejor manera de expresar en pocas palabras la diferencia entre invertir en una empresa con valores o invertir en un negocio burbuja de esos rápidos (con alta rentabilidad, dicen) que se compran y se venden en pocos años multiplicados por XX.

Entre crear valor y especular hay una gran distancia. Ni qué decir tiene que hay inversores para todo como hay emprendedores y startups para todo. A los equipos de emprendedores a los que hemos ayudado siempre les hemos dicho que no les vale cualquier inversor. Hay inversores que buscan crear valor y, por tanto, prefieren invertir en empresas con valores, aunque la famosa curva “del palo de golf” suba más despacio. Gracias a ellos y a que existen emprendedores como los que conocimos en el evento al que me refería antes, detrás de la amargura aun nos cabe la esperanza. Mientras el mundo sea un lugar injusto, sois necesarios.

 

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