El “DAVID” que esconde tu idea de negocio

Las ideas de negocio son tesoros por descubrir sin necesidad de que representen algo totalmente nuevo y desconocido.

Me llama profundamente la atención el talento de las personas para generar ideas. Todo el mundo, sin excepción, formula, en distintos momentos de su vida, una idea brillante digna de estudiar y cultivar. Igual da si se trata de un invento nuevo, de un enfoque diferente para analizar una situación, o de una propuesta ingeniosa para resolver un problema. No hace falta descubrir la rueda en cada ocasión, porque lo que hace a la idea excepcional es su genuidad.

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Banco de imágenes de Creative Commons, autor bastian

Por eso también las ideas de negocio son tesoros por descubrir sin necesidad de que representen algo totalmente nuevo y desconocido, basta con que ofrezcan una mirada diferente sobre algo que ya existía para que puedan convertirse en negocios brillantes. Miguel Ángel, el genial escultor, recibió una gran pieza de mármol y de ella obtuvo una de las esculturas más impresionantes de todos los tiempos. Lo que hizo única la obra del artista fue su manera peculiar y diferente a lo conocido hasta entonces de pulir la piedra hasta extraer de ella el David que hoy conocemos.

Siento fascinación por las ideas que tienen que ver con los negocios porque en casi todas hay algo de eso que las hace únicas y diferentes. Hemos visto verdadero arte en la manera de conducir una modesta tienda, en la propuesta de un pequeño negocio de hostelería, o en el planteamiento de servicio de una peluquería de barrio. En todos estos negocios, sus ideólogos eran gente corriente qué un día encontraron esa forma especial de pulir la piedra hasta obtener su David particular.

Por eso, una de los momentos más hermosos de nuestro propio negocio es aquel en el que la escultura se yergue para mostrarnos, tanto a su creador como a nosotros mismos, su esplendor, una luminosidad distinta a lo que habíamos visto hasta entonces. Y es también uno de los motivos por los que pensamos en arrancar nuestra propia idea de negocio: nos sentíamos comprometidos con todos esos Miguel Ángel que por falta de recursos – y no siempre económicos – no podían dar forma a su particular trozo de mármol.

Las buenas ideas no son patrimonio exclusivo de las compañías más poderosas, de los empresarios más ricos, es una suerte que el talento no esté reservado sólo a los mejor situados. La diferencia entre ellos y nuestros Miguel Ángel próximos eran las herramientas de las que disponían unos y otros para poder pulir la piedra. Y si era el problema era proporcionarles los cinceles necesarios, ahí es donde nosotros podríamos ayudarles.

Detrás de los negocios más brillantes hay una idea primigenia, una semilla original, cuyo autor tuvo el coraje y los instrumentos necesarios para pulir, quitar lo que sobraba y modelar una obra de arte. La clave a veces es encontrar quien te ayude a sacar el David que llevas en tu idea de negocio.

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