Estrategia Lean Startup aplicada a entornos rurales y tradicionales

Extraer lecciones y aprendizaje validado por la experiencia de nuestros abuelos en entornos rurales y tradicionales: también aquí estrategia lean startup.

estrategia lean startup en entornos rurales

“Llegando el verano” foto cc by soyde recu

Sí, lo reconozco: aunque he nacido y vivo en una gran ciudad, he pasado mucho tiempo de mi vida en una pequeña aldea castellana, exactamente en Soria. En ella pasé momentos inolvidables y tengo que reconocer que aprendí multitud de cosas que ahora son de utilidad en entornos que se creen más sofisticados. Digo “se creen” porque, aun con distintas complejidades, nunca jamás hay que menospreciar las vivencias de nadie. Simplemente para recordar y ver los prejuicios existentes con la gente de los pueblos: Manuel Pizarro, cuando tenía una reunión compleja o quería parecer más vulnerable, lo primero que decía es que no entendía mucho porque era de un pueblo pequeño de Teruel, consiguiendo así pasar por un pobre hombre; lograba, al final de las negociaciones, llevarse completamente “el gato al agua” gracias a esta estrategia.

En efecto, en el entorno rural se mantienen criterios empresariales y estratégicos que, curiosamente, vuelven a redescubrir académicos de las mejores universidades y escuelas de negocio como Harvard o Yäle. Para muestra, unos pequeños ejemplos curiosos:

 

  • Sobre la estrategia de centrarnos en la necesidad de los clientes: En la época de cosecha, los agricultores que habían cuidado su producto durante el año, recogían sus ganancias de aquellos mayoristas que les compraban su grano. Algo tan sencillo como preguntar a estos mayoristas durante el año sobre la oscilación de la demanda y del precio de la compra del año anterior, eran el mejor indicador para saber gestionar el porcentaje de tierra dedicado a cada uno de los cereales que se cultivaban. Esto no es más que un research sobre las necesidades de los clientes, ya que identifican cuales son las palancas para poder optimizar mejor su trabajo.

 

  • Sobre la inversión en nuevos negocios: En los últimos años, observando cómo, por parte de grandes corporaciones y, en menor medida, en nuevas empresas, se lanzan nuevos productos o servicios – con grandes inversiones y trabajo – sobre algo que jamás se ha validado en el mercado real, siempre recuerdo el caso de Maxi. Maxi era un hombre de mediana edad que pensó que no sólo el cereal o la ganadería fueran sus productos. Decidió comenzar con el cultivo de cáñamo y de otro tipo de plantaciones muy encaminadas a la producción de fármacos. Para ello, no cogió ni estimó un Plan de Marketing ni un Business Plan con hipótesis de ventas y clientes, sino que utilizó una pequeña tierra que había dejado en barbecho, plantó unas pocas simientes y espero a ver cómo crecía, qué problemas había en su cuidado durante el crecimiento,  cómo  resultaba su cosecha y por último, cómo era la venta y cómo podía identificar a los nuevos compradores. Cuando valoró el coste (el mínimo posible) y como había resultado la venta, sabía perfectamente cómo se podía comportar en el mercado su producto al año siguiente, intentando obtener un mayor beneficio basado en el aprendizaje sobre su nuevo producto. Si extrapolamos esta idea, no es ni más ni menos que la creación de un mínimo producto viable y la validación producto-mercado.

 

  • Creación de mínimos productos viables: Hace muchos años, al salir de la Facultad, Domingo me pidió que le ayudara a recoger alpacas de paja. Nunca antes lo había hecho porque hasta ese año no había sido consciente de la posibilidad de negocio que supone recoger este tipo de producto para poderlo comercializar como materia prima para papel y pienso natural. Para hacerlo, no gastó miles de pesetas (de esto ya hace años) en comprar una máquina cosechadora con todas las comodidades ni rápida en su recogida, sino que empleó un proceso manual basado en el esfuerzo de unos amigos y conocidos, generando un producto o servicio mínimo viable para validar si realmente cumplía con los requisitos marcados por los clientes que lo comprarían. Evidentemente, tras validar el negocio y el proceso, no sólo nos invitó por el trabajo realizado, sino que hizo una mayor inversión basada en las ventas de un servicio que ya había testeado.

 

Como se puede ver, de estos entornos rurales y de la sabiduría popular se pueden obtener grandes conocimientos basados, simplemente, en la experiencia del paso de los años. Por eso, jamás me cansaré de poder repetir que para la gestión de los recursos y de negocios viables se pueden aprender muchas lecciones mirando y observando cómo lo han hecho durante muchos años nuestros abuelos… y además, ¡con éxito!

 

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