Mi historia para iniciar un negocio propio

Algunos nos damos cuenta, en algún momento de nuestra vida, que necesitamos iniciar un negocio propio en el cual depositemos nuestra forma de trabajar, de hacer, o incluso, de devolver algo a la sociedad en la que vivimos y nos ha permitido desarrollarnos.

historia negocio propio

Banco de imágenes de Creative Commons, autor snippets101

No soy muy egocéntrico. Creo que hay mejores historias en cualquiera de los héroes anónimos que nos vamos encontrando por el recorrido vital que la propia experiencia de uno. Hoy voy a hacer una excepción porque conté esta historia en una visita comercial y me comentó mi interlocutor que le había gustado mucho y que quizá, si más gente la escuchaba, se lanzaría a hacer su sueño realidad.

Por supuesto, esto no va a de lecciones magistrales ni nada parecido sino sobre cómo, basándome en mi propia experiencia, hacemos para lanzar el proyecto que estamos intentando sacar adelante. Además, hay también cosas que, con el permiso que me da escribir y con la confianza con las que nos lo contaron nuestros clientes actuales, incluiré cómo lección a aprender.

Creo que mejor empezar desde el principio. Mi padre ha sido autónomo toda la vida y jamás me dijo una sola cosa buena de su condición. Me decía siempre que era ser esclavo de tu negocio, que no había descanso ni vacaciones. Además, uno de sus mantras habituales era: “estudia hijo y no seas autónomo como yo”…pues le hice caso. Estudié y, cuando terminé la facultad, me puse a trabajar por cuenta ajena. Desde este momento, entré en la dinámica de ir a trabajar y por distintas motivaciones propias entendí que siempre hacer lo mismo o centrarme en un proyecto particular, por mi perfil técnico, no era precisamente lo que se denomina apasionante.

Por ese motivo, y por la necesidad que empezó a surgir en el mercado de cubrir puestos con profesionales cada vez más cualificados, empecé mi espiral de aprendizaje. Uno sabe que cuando estudia una carrera debe mantenerse al pie del cañón y con ganas de aprender siempre. Por eso, empecé a incorporar más conocimiento que fui validando a lo largo del tiempo. Desde programador, analista-programador, analista y, por fin, jefe de proyecto. En este punto te das cuenta que hay una serie de conocimientos que ya no vale con probar y necesitas un repaso serio. Así empecé a hacer cursos más presenciales, máster y resto de formación sobre todo, impartida en escuelas de negocio.

Con toda la formación y con los nuevos retos que te vas planteando, intentas convertirte cada día en un profesional más completo, y en este momento, aparece algo que denomino “criterio propio” y es que cada vez hay menos jefes que consideres que tienen autoridad para validar o no tu trabajo. Es un problema muy grave porque empiezas a discutir por cosas que antes no lo hacías, ya que consideras que sabes hacerlo mejor. Yo en mi caso, lo hice y los resultados a nivel de trabajo fueron muy buenos, pero a nivel de desarrollo profesional dentro de las organizaciones no fueron tanto. Además, hay un techo de cristal que por muy bien que hagas las cosas, siempre está ahí y cuando te das cuenta que jamás lo vas a romper por mucho conocimiento ni buen trabajo que hagas para coger y tomar más decisiones. No hubo ni dinero ni status interno en la organización donde trabajaba que pudiese aplazar mis ganas de construir. Además, me surgió la necesidad de devolver a la sociedad algo que a mí me dio antes, ayudar a otros a sacar sus sueños adelante gracias a mis conocimientos y mi experiencia.

Sé que no es muy romántico, pero aprendí de todos los fracasos que he cometido (son muchos…) y de todo lo que he ido aplicando en algunos éxitos para ayudar a sacar adelante ideas de negocio de personas con ganas de hacer un mundo mejor, o por lo menos, de generar riqueza para este país y su entorno.

Ahora, como siempre, doy la razón a mi padre: trabajo mucho más. Pero lo más importante y la diferencia es que no es lo mismo trabajar que hacer de tu afición un medio de vida. Antes, 8 horas para aplicar los criterios de otros no eran muy reconfortantes, pero ahora trabajar 12 o incluso más horas me satisfacen porque sé que lo que hago es lo que quiero y a mi manera (como cantaba Frank Sinatra) y con el objetivo de ayudar a los demás (y también, como no, para pagar mi ronda de vida).

Estos criterios son los que, conjuntamente a mi socia Marina, nos empujaron a crear COCREANET. Debe ser una herramienta para que empresas o emprendedores puedan lanzar sus ideas de negocio adelante, aportando nuestra gotita de conocimiento e ilusión a conseguir hacer un mundo mejor, y gracias a los que han confiado en nosotros, nos están llevando a hacerlo posible. ¡Muchas gracias a todos!

 

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