¿Dónde están las ideas de negocio?

Las ideas de negocio no son otra cosa que la punta de un hilo del que tirar, la investigación hace el resto y es, por supuesto, lo que marca la diferencia.

Leí una vez que grandes empresas a veces tienen su origen en una idea breve, una especie de rayo que atraviesa un momento y un espacio y que encuentra alguien dispuesto a recogerlo. Una mala interpretación de frases como esta, es probablemente el motivo por el que muchos emprendedores viven agobiados pensando si serán capaces, o tendrán la suerte, de estar en el instante justo en el sitio justo. Las ideas de negocio no son otra cosa que la punta de un hilo del que tirar, la investigación hace el resto y es, por supuesto, lo que realmente termina marcando la diferencia.

Donde estan las ideas de negocio

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Kevin Dooley

En nuestro trabajo, casi todos los primeros contactos con emprendedores se desarrollan del mismo modo: tienen una idea, nos la cuentan (a veces ocultando una parte por ese miedo natural que tenemos las personas a que nos arrebaten lo que creemos nuestro), y a continuación esperan que les digamos si es o no una buena idea y si será viable. Como si de un veredicto se tratase o el resultado de un diagnóstico clínico. Nuestra primera intención siempre es desmitificar las ideas de negocio, desproveerlas de esa especie de halo mágico y convertirlas en lo que son: sólo un punto de partida.

El enfoque científico que seguimos para construir negocios (lean startup) nos obliga a considerar cualquier planteamiento como una hipótesis a probar y, a partir de ahí, iniciar un proceso de aprendizaje validado que vaya dando forma a ese futuro negocio sobre la base de evidencias y no de suposiciones.

Un negocio es la ejecución, en un contexto de mercado, de una propuesta de solución a un problema (o una necesidad, incluso una expectativa) que padecen un conjunto de personas (o empresas, si se trata de un B2B) y por la que están dispuestas a pagar. Esto significa que, como mínimo, entran en juego:

  • Un problema (o necesidad, o expectativa). Es lo primero que hay que probar, si realmente existe ese problema y tiene la suficiente envergadura como para que merezca la pena buscar una solución.
  • Un conjunto de personas (o empresas) (un segmento de mercado, en lenguaje empresarial) que comparten ese problema.
  • Una forma de resolver el problema (la propuesta de valor).
  • Una manera (o varias) de monetizar la “recompensa” por la solución.
  • La ejecución, entendida como un conjunto de componentes que se encajan en un engranaje capaz de generar la solución, proporcionarla a quienes la requieren y revertir económicamente los resultados. (Osterwalder, el autor del CANVAS, define modelo de negocio como el proceso que describe cómo una empresa crea, proporciona y captura valor).
  • Un contexto en el que se desenvuelve todo lo anterior.

En todo este entramado, ¿dónde están las ideas de negocio? No son otra cosa que la detección de una oportunidad (un problema a resolver) y la convicción de que podemos con nuestras capacidades (profesionales, personales, etc.) intentar encontrar una forma de solventarla. Cualquiera de nosotros, en nuestro campo de acción diario, podemos hallar oportunidades y decidir abordarlas. Los emprendedores no son gurús tocados por un rayo visionario, son gente corriente que se enfrenta al mundo con una mirada curiosa (y crítica) e intenta ir más allá para encontrar mejores formas de hacer las cosas. Por supuesto, con la valentía suficiente para plantearse salir de la comodidad de la rutina (su zona de confort) y enfrentarse a la incertidumbre de un camino que sabe donde empieza pero no donde acaba.

El trabajo de construir un negocio no tiene nada que ver con recibir una especie de llamada divina, sino que es perseverancia en estado puro. Por eso, los inversores dicen que no les importa tanto la idea o el negocio en sí sino el equipo humano detrás de ella. La historia está plagada de ejemplos de científicos e inventores que pasaron años probando sus hipótesis hasta dar con la solución a un problema importante. Nosotros nos consideramos, y esto es lo que trasmitimos a los emprendedores, científicos de negocios.

Ante este baño de realidad, algunos emprendedores nos miran incrédulos y nos preguntan ¿dónde están entonces las ideas de negocio, esas que prometen convertirle en el siguiente héroe? Cada vez que utilizamos un servicio, cuando vamos a una tienda, cuando salimos a la calle… en multitud de ocasiones de nuestra vida corriente, echamos en falta cosas, o no nos termina de convencer lo que nos ofrecen, o no vemos cumplidas nuestras expectativas. Casi siempre optamos por “correr un tupido velo” sobre la experiencia, a veces no volvemos a repetir y, en algunas ocasiones, hasta hemos elevado una queja formal.

Pero lo que nos cuesta ver es que detrás de cada una de esas ocasiones hay una oportunidad. Esas son las ideas de negocio (la inspiración)  y, el resto, ya lo decía Picasso, mucha transpiración.

 

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