Innovación más allá de las palabras: estrategia

Más allá de las palabras, innovación es una estrategia, tal vez la única posible, para sobrevivir y adaptarse hoy las empresas al mundo que, les guste o no, les ha tocado vivir.

innovación estrategia

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Kate Ter Haar

A veces, las palabras, de tanto usarse, terminan sobadas y perdiendo su esencia. Es un poco lo que le pasa a la Innovación. En cualquier documento de empresa que se precie, en cualquier artículo, por todas partes, todos estamos haciendo Innovación. La realidad, a poco que rascas, es que el término se ha convertido en una suerte de categoría con la que identificar la modernidad, igual da lo que aquello signifique. Ante la dificultad, intentamos en este texto señalar cuáles son, a nuestro juicio, las claves principales de algo que llamamos innovación:

  • Contextos de alta incertidumbre (versus estabilidad de los mercados y los sectores).

Si algo caracteriza el momento que vivimos, desde el punto de vista empresarial y social, es la incertidumbre. Esa imposibilidad por anticipar lo que está por venir basándonos en la experiencia del pasado y en las señales del presente. La innovación aparece como estrategia de supervivencia ante un futuro incierto, una búsqueda continua de elementos que aporten valor y que nos ayuden a adaptarnos a lo que no podemos predecir (y, por tanto, planificar). Creatividad en estado puro.

No es que no haya existido innovación en otros momentos. Shumpeter, en su teoría del empresario innovador, muestra cómo la innovación, aplicada en un contexto sectorial o de mercado determinados, funciona como un motor que impulsa todo el ecosistema, cambiando definitivamente las reglas de juego del mismo. Una innovación que de algún modo se adelanta a su tiempo y provoca una revolución en su sector. Innovación que no tiene por qué venir originada de un contexto de cambio sino de la iniciativa particular, de la inquietud, del empresario que busca más allá de lo que ha hecho siempre y le funciona.

Pero si en algo podemos ponernos todos de acuerdo es que lo que nos está pasando ahora no tiene parangón. Las iniciativas que propulsan cambios llegan por todas partes sin dar tiempo apenas a asimilar y estabilizar. No importa si existen empresarios con inquietudes para plantearse cómo hacer las cosas de manera diferente, lo quieran o no van a tener que cuestionarse su modus operandi cada día. La innovación no es un plan de acción de algunas empresas señaladas sino un movimiento global que empuja absolutamente todo lo que nos rodea y obliga, en todos los sectores y en todos los mercados, a desplazarse de sus posiciones y recolocarse sin descanso.

 

  • Estrategia de adaptación al cambio permanente (versus planificación estratégica).

Precisamente porque no hay forma humana de anticipar el futuro, aun en el medio plazo (ya no digo el largo), las estrategias corporativas soportadas sobre enfoques predictivos son absolutamente inútiles. La planificación estratégica, como ejercicio para ordenar ideas y para ayudarnos a pensar, puede seguir siendo válida pero como intentemos marcar el camino de la empresa a partir de un plan estratégico definido sobre una predicción a 2, 3 o más años, estamos perdidos.

En este contexto, la única estrategia posible es la de revisar la estrategia continuamente, adaptando las líneas generales de la organización al cambio permanente. La innovación se presenta como un enfoque estratégico, tiene sentido en sí misma como hoja de ruta. Las empresas tienen pocas cosas duraderas pero siguen siendo, en esencia, un conjunto de valores y una visión, la del empresario, que son las únicas constantes sobre las que construir cada día. Estrategia sí, siempre; ¿planificación?

 

  • Aportar valor a los clientes, a los usuarios y al conjunto de la sociedad (versus innovación en procesos).

Es quizás uno de las señas de identidad más importantes del nuevo tiempo: el cambio de foco que se ha producido, pasando de una visión que situaba a las empresas, a las organizaciones, en el centro de la atención, a una visión antropocéntrica (las personas en el centro). Metafóricamente, es como cuando Galileo defendió, y casi le va la vida en ello, que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol y no al revés.

En el contexto empresarial, la innovación es la búsqueda permanente de elementos que hagan la vida mejor a los clientes, a los usuarios de los productos y servicios, a los que colaboran y trabajan en la producción, en definitiva, a la sociedad con carácter general.

Es sorprendente que muchos de esos documentos de los que hablábamos en la introducción de este artículo, sigan insistiendo en los procesos como objeto de la innovación. Demuestra una vez más que esa empresa continua instalada en ese otro enfoque geocéntrico (egocéntrico, diríamos más bien). La innovación de la que hablamos nosotros afecta a los procesos, por supuesto, pero sólo como consecuencia de un cambio originado en la búsqueda de valor para las personas.

La innovación en procesos, así sin más, puede mejorar la operativa de la organización, puede incluso – y casi de forma fortuita – provocar cambios en la oferta (añadir funcionalidades o características, facilidades de uso de los productos y servicios, etc.), puede también optimizar los costes, pero difícilmente resultará disruptiva, no irá mucho más allá de ser un ejercicio de i+d dentro de la organización.

Nosotros, cuando hablamos de innovación, pensamos primero en las personas (en los clientes, en los usuarios), buscamos la manera de satisfacer necesidades insuficientemente cubiertas, de resolver problemas o retos pendientes. A partir de este enfoque de lo humanamente deseable surgirá la diferenciación y el posicionamiento y, sólo después, llegarán esos cambios necesarios de procesos y de operativa.

 

  • Generar nuevas oportunidades de negocio (versus optimizar y eficiencia en costes).

Como consecuencia de lo anterior. Es verdad que la búsqueda de nuevas oportunidades de negocio es una constante de la empresa desde casi siempre, pero pocas veces ha pasado de la retórica. En demasiadas ocasiones se ha limitado a estudiar la cadena de valor y optimizarla para lograr una mayor eficiencia en costes. Si acaso en lanzar nuevos productos o servicios que no diferían sustancialmente del core principal del negocio (siguiendo la matriz de Ansoff, lo más innovador que podía ocurrir era poner en marcha una estrategia de diversificación).

La estrategia del océano azul dio al traste con muchas de esas políticas corporativas cuando inventó la innovación en valor. Siguiendo sus propios postulados, cuando rompió las barreras del mercado.

Esa es precisamente la innovación de la que nos gusta hablar. Una innovación que no se ciñe al corsé de lo que la empresa es hoy para definir su futuro. En este contexto, al hablar de nuevas oportunidades de negocio rompemos los límites de nuestra oferta actual y también de nuestro mercado actual. Una vez más, cuando nos centramos en cómo generar valor a las personas sin tener en cuenta si aquello forma parte o no de nuestro haber actual, abrimos espacios que no hubiéramos podido encontrar de otro modo.

 

  • Conectar el presente con las nuevas tendencias (versus informatizar).

En el management clásico nos enseñaron a hacer análisis de factores (PESTEL) para conocer el mundo externo en el que se desenvolvía la organización empresarial. Aquel no dejaba de ser un intento de reconocer las tendencias que marcarían el devenir de los tiempos en el medio y largo plazo. Sería un suicidio operar sin tener en cuenta que fuera de las paredes de la empresa hay un mundo en el que están pasando cosas.

Lo que caracteriza la situación actual, en primer lugar, es que esas cosas pasan a mucha velocidad. En un ejercicio clásico podíamos permitirnos hacer un análisis externo hoy y que continuase estando vigente un año después, por ejemplo. La vigencia de lo que es tendencia hoy para consolidarse mañana no creemos que pase de un trimestre. En segundo lugar, la omnipresencia, de una u otra manera, de la tecnología en todas esas tendencias.

La innovación, en este contexto, es un ejercicio permanente de adaptación para acoplar nuestras empresas a las tendencias que va marcando el progreso tecnológico. Casi provoca sonrisa que todavía algunos se estén preguntando si va con ellos eso de la transformación digital o no (esto de la transformación digital daría también para varios artículos aclaratorios).

 

  • Permeabilidad y sistemas abiertos (versus organizaciones endogámicas).

Por último, y no menos importante, la innovación que defendemos tiene una actitud humilde. Frente a las grandes corporaciones, líderes en sus sectores, que se saben fuertes y poderosas y que tal vez por ello sólo miran hacia dentro, aparece una innovación que se pregunta constantemente si hay alguien ahí fuera, alguien a quien escuchar porque tiene mucho que decir.

La historia reciente nos ilustra con ejemplos de empresas que lo fueron todo pero cuya soberbia les impidió abrirse al exterior hasta que ese mundo de fuera les fue comiendo terreno y dejándoles sin aire. Después era demasiado tarde.

La innovación es apertura de mente y flexibilidad. Es permitir que la empresa tenga poros por los que absorber nuevo talento. Cocreación con el cliente, redes de empresas, intraemprendimiento, innovación abierta, estas son las formas de las que se alimenta.

 

A nuestros clientes les contamos que cuando en una empresa hay una puerta con un cartel que dice “Innovación”, malo. Innovación no puede ser un departamento, una caja de un organigrama, no solamente. Innovación es un enfoque de pensamiento y de actuación. Pero, más allá de las palabras, innovación es una estrategia, tal vez la única posible, para sobrevivir y adaptarse hoy las empresas al mundo que, les guste o no, les ha tocado vivir.

 

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