Innovar es fluir: organizaciones líquidas

La innovación no es un plan es acción. Las organizaciones líquidas no se adaptan a un futuro cambiante, sino que fluyen con el cambio.

Resulta curioso por qué a algunas personas les cuesta tanto interiorizar los enfoques ágiles para la ideación y desarrollo de nuevos productos que nosotros empleamos. El caso es que lo entienden a la primera y te suelen dar la razón pero en cuanto te descuidas ya han vuelto a su método convencional basado en predicciones y planificaciones.

Innovación organizaciones líquidas

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Markus>fin<Hametner

A ninguno se nos ocurre pedir, a nuestros padres por ejemplo, un plan estratégico acerca de nuestra vida. Lo máximo que alcanzamos es a plantear a modo de sueño o visión cómo nos gustaría estar dentro de 5 ó 10 años. Dicen los psicólogos que esa visión propia es una especie de faro con el que guiarnos en nuestro día a día, un lugar al que llegar pero nunca un mapa de tránsito.

Pues debe ser porque a los seres humanos nos gusta controlar todo lo que tenemos alrededor, incluido el futuro, que en cuanto nos dan la ocasión nos ponemos como locos a trazar complejos planes de acción basados en extrapolaciones de lo que ocurre hoy y aquí. Natural que luego no sea tan sencillo cumplirlos.

En las empresas ha venido pasando lo mismo al menos desde que el management clásico alcanzó su cénit en la segunda mitad del siglo XX. Conste que en esta casa, COCREANET, hemos bebido de la disciplina y aprovechamos hasta la última gota de su jugoso zumo, construyendo sobre sólidos cimientos pero también cuestionando lo que ya se ha demostrado ineficaz en el mundo actual.

No decretamos la muerte de los planes estratégicos y business plan ¡faltaría más! pero sí su forma de elaborarse y su finalidad (hoja de ruta que sí o sí hay que cumplir, aunque sólo sea para cobrar el variable).

Los ejecutivos y directivos más avezados, que tontos no son y ya se han empezado a dar cuenta de que un plan a, pongamos, 5 años resulta demasiado aventurado (a la velocidad con la que discurre todo), hace tiempo que comenzaron a hablar de adaptación al cambio como quien habla de la píldora de la felicidad (pues nadie sabe demasiado bien como alcanzarla). Nos decían que había que adaptar las organizaciones y los modelos de negocio a los cambios que se estaban produciendo para tenerlos en estado de revista de un futuro que ¿cuándo decían que iba a llegar? ¡Imposible!

En efecto, nosotros pensamos que no es posible predecir el futuro y desde esa perspectiva anticipatoria buscar la forma de adaptar nuestras empresas y los modelos de negocio a él. Creemos que quien se plantee la innovación como un lugar estático desde el que pararse a pensar qué hacer y cómo hacerlo ya está perdiendo la posibilidad misma de innovar.

El reto es crear organizaciones y modelos de negocio capaces de moverse al ritmo de los cambios, fluir con ellos; lo que se ha dado en llamar organizaciones líquidas. La filosofía que encierran los enfoques ágiles con  los que trabajamos es precisamente esta. La innovación se convierte en una forma de hacer las cosas, no es un plan, es acción.

Y aquí es donde nos damos de bruces con la aversión a la incertidumbre inherente a los seres humanos. Sin embargo es tan natural vivir con ella y en ella que forma parte de nuestra esencia mortal. Durante muchos años, los gerentes de las organizaciones empresariales pensaron que habían encontrado una manera de amarrar el futuro a fuerza de redactar planes estratégicos. La revolución tecnológica y la Ley de Moore, entre otras, se han encargado de derribar ese sueño de control. En un mundo exponencial (ver la definición de organizaciones exponenciales que se hace en el libro del mismo nombre escrito por Salim Ismail), no podemos seguir manejándonos con el enfoque y las herramientas de un pasado donde todo ocurría a otra velocidad. La supervivencia de las empresas está en juego.

 

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