El arte de resolver problemas complejos de forma creativa

La innovación empieza donde acaba la paciencia. En ese instante en el que tomas la decisión de abordar un problema complejo y la determinación de resolverlo aunque tengas que darle 100 millones de vueltas.

Resulta bastante habitual considerarnos a nosotros mismos como poco creativos. A mis clientes suelo hacerles la pregunta y, salvo que ya hayan leído antes sobre el tema o cuando estoy entre diseñadores, la respuesta a su posible talento creativo es frecuentemente tímida, reticente. Me gusta en ese momento insuflar un poco de autoestima y recordarles que como seres humanos llevamos en el ADN la creatividad, de lo contrario seguiríamos posiblemente en una cueva como las de Atapuerca.

innovación problemas complejos

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Jared Tarbell

Dicho esto, que todos somos creativos, la innovación es otra cosa. Porque crear e innovar son conceptos diferentes aunque tiendan a confundirse. La innovación se refiere a cómo poner la creatividad al servicio de una causa y, de paso, rentabilizarla. Ya sea rentabilidad económica, social o de cualquier otro tipo. Si la creatividad es la herramienta, la innovación da sentido a la creatividad al dotarla de un propósito trascendente.

Volviendo a nuestra esencia humana, hay que decir que la gran mayoría de las expresiones creativas que han llegado hasta nuestros días son aquellas que representaron una innovación. En el origen de esa expresión hay una necesidad que estaba pendiente de resolver. El punto de partida de la innovación es un problema importante y complejo al que se decide que ya es hora de buscarle una solución.

Esta afirmación tiene varias implicaciones:

  1. Aparece un problema complejo.
  2. Las personas están afectadas por ese problema complejo; lo suficientemente preocupadas como para ocuparse de buscar una solución.
  3. Posiblemente, la solución que conocemos no fue la primera sino una evolución de otras soluciones anteriores que resultaron fallidas o, cuanto menos, poco satisfactorias.

Y estas son, a mi forma de ver, las características de base de cualquier proceso innovador: problema complejo que afecta a un número importante de personas; búsqueda de respuestas; y sistemática de prueba – error – iteración hasta dar con una solución aceptable y siempre temporal.

Hemos hablado largo y tendido en este blog de la búsqueda de soluciones, del origen de las ideas de negocio en un problema importante o una necesidad sin resolver. Por supuesto, hemos hablado si cabe mucho más del enfoque científico para idear soluciones, de Lean Startup, de la necesidad de fallar para aprender. Pero no hemos tratado tanto sobre la naturaleza misma de los problemas complejos, esos que probablemente sirven de acicate a la innovación más disruptiva. Este es el tema de hoy.

Decir que un problema es complejo puede resultar incluso una perogrullada, mucho más si pensamos en ello en términos de complejidad. Pero un problema complejo, al estilo de lo que los británicos en su lengua llaman “Wicked problems” tiene una serie de características que no resultan tan obvias.

Para empezar, en un problema complejo no se puede identificar fácilmente una relación causa – efecto. En una maquinaria, en un sistema determinista, el fallo de uno de los componentes es la causa de un mal funcionamiento que puede anticiparse y corregirse cuando se produce. La avería puede tener complejidad – no resultar fácil de encontrar, que requiera del movimiento de muchas y diferentes piezas, que implique otros cambios o ajustes, etc. – pero es cuestión de tiempo y dedicación que termine por resolverse. Los problemas complejos no responden a ese determinismo y, por tanto, la búsqueda de soluciones no es sistemática sino más bien sistémica.

Para una mente ingeniera enfrentarse a un problema complejo de estas características puede resultar tremendamente difícil. Hay que lidiar no sólo con la ausencia de procedimientos probados sino con la incertidumbre, una incertidumbre que empapa toda la acción: desde la imposibilidad de predecir el tiempo que va a tardar en darse con alguna propuesta, por no decir los recursos que será necesario emplear en ello, y siquiera si va a encontrarse una solución más o menos satisfactoria. Los problemas complejos se enfocan mucho mejor desde una perspectiva abstracta, filosófica.

¿Cuáles son estos problemas complejos? Básicamente los que afectan a las personas como sistemas que se relacionan consigo mismos, con su entorno más cercano y con la sociedad en su conjunto. Tradicionalmente, la cultura anglosajona ha utilizado el concepto “Wicked problems” para referirse a las cuestiones de calado más político o social. En COCREANET nos gusta pensar en los problemas complejos más allá de esos matices, para evitar connotaciones que no vienen al caso y que se derivan de nuestra lengua y nuestra cultura, aunque también somos conscientes que al final todo tiene una dimensión humana, social y política, porque así somos las personas.

La segunda derivada es que al enfrentarnos a un problema complejo no podemos predecir cómo se va a comportar en el futuro. Más que eso: al introducirnos dentro del sistema y actuar sobre él estamos seguros que eso va a provocar cambios y no podemos anticipar cómo van a ser esos cambios. De nuevo, la incertidumbre. Esta es una de las características más importantes de un problema complejo: que la solución forma parte intrínseca del problema o, dicho de otra manera, que al intentar solucionarlo estamos cambiando de base el problema de partida.

En programación hay una técnica que se denomina recursividad y que resuelve los algoritmos tomando como parámetro de entrada la solución a una llamada anterior a sí mismo. Algo así como que para resolver el problema hay que tomar la solución de un problema igual pero de complejidad inferior en términos de cálculo. Esto es algo muy parecido a lo que ocurre con los procesos de innovación, por eso se enfocan como ciclos iterativos donde la salida del ciclo anterior es la entrada del ciclo siguiente. Con una diferencia con la ingeniería del software: en este caso, no podemos anticipar el “caso base” que rompa la infinitud de la recursividad. Eso quiere decir que la innovación como enfoque a la solución de problemas complejos no puede pretender resolver definitivamente esos problemas, sino aportar soluciones cada vez más satisfactorias pero con la plena consciencia de que siempre habrá otra solución mejor que resultará a partir de la anterior.

Por si fuera poco, los problemas complejos tienen lugar en un entorno que es a su vez cambiante. El problema de hoy no es el problema de mañana y no sólo porque al intentar resolverlo hayamos influido sobre él, sino porque está influido por otro montón de variables que hacen que vaya mutando. Por eso, en COCREANET evitamos hablar de “problemas” y preferimos pensar en “retos”, al uso de la cultura de la innovación, porque intentamos así retirarles ese halo dramático de lo que no tiene solución y convertirlo en un desafío inspirador y motivador: ¿cómo podríamos…?

Otras consecuencias de esta falta de determinismo y de esta incapacidad de predecirse son: la ausencia de soluciones únicas (si ya hemos dicho que no hay soluciones óptimas sino mejores que las anteriores, mucho menos hay soluciones únicas), la imposibilidad de utilizar lo que funcionó en el pasado como base para resolver el presente o la necesidad de contar con distintas perspectivas.

Una última dimensión que caracterizan los problemas complejos tiene que ver precisamente con la intervención directa e indirecta de varios grupos humanos con intereses distintos. Las propuestas de solución tendrían que resultar medianamente satisfactorias a todos ellos y eso implica conciliar, tal vez lo más difícil. Y es en este punto donde las herramientas del pensamiento de diseño (design thinking) juegan un papel fundamental: por su capacidad para empatizar.

Los principios de la disciplina y la autoridad con los que se han regido tradicionalmente los sistemas humanos (sociedad, organizaciones, empresas…) abordan los problemas desde una única perspectiva: la del jefe o la del líder. Es más fácil, qué duda cabe, pero sólo hace falta que el juego del poder altere la balanza del grupo que lo ostenta, que cambien los liderazgos o que sustituyan al jefe para que la solución deje de ser válida. Si la búsqueda de soluciones a problemas complejos es un proceso que intenta generar una innovación duradera en el tiempo, es necesario que todos los afectados formen parte de esa solución, no sólo escuchando su punto de vista sino construyendo sobre él.

Es fácil entender que para los problemas complejos no hay soluciones mágicas, ni tampoco procedimientos establecidos; hay miradas diferentes, un puñado de herramientas que pueden servir a la causa creativa, imaginación, hay buenas dosis de optimismo y, sobre todo, arte, mucho arte.

 

También te puede interesar…

 
Innovación y Business Design Plan para manejar incertidumbre Business Case sin cruzar los dedos

 

2 comentarios sobre “El arte de resolver problemas complejos de forma creativa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *