La diferencia entre ser tu propia empresa y buscarte la vida

Eres tu propia empresa y tienes que buscarte la vida, pero tus cartas en el juego han cambiado.

la diferencia entre ser tu propia empresa y buscarte la vida

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Galería NASA

Como consultores dedicados a las pequeñas empresas y a los emprendedores, y también por convicción, somos defensores del modelo de vida laboral autónomo. Como todo, no es aplicable a todo el mundo y en todas las circunstancias; se trata de una opción – al menos, debería serlo – más para ganarse la vida, tan válida como ser un trabajador por cuenta ajena en una empresa privada, un empleado público o cualquier otra forma que  se nos ocurra.

Lo que no podemos admitir es que esta forma de vida, a la que mucha gente ha llegado por puro instinto de supervivencia, se convierta en una manera de esclavizar a las personas, de precarizar – más aun – el empleo y de empobrecer hasta la extenuación a una clase media que ya no sabemos ni por qué sigue llamándose así.

Esta reflexión viene a colación del anuncio del lanzamiento de una plataforma que pondrá en relación a empleadores con trabajadores freelance para cubrir necesidades coyunturales (al menos, así lo manifiestan) de los primeros. No vamos a dar nombres porque tampoco es necesario: ni es la primera plataforma que funciona de esta manera, ni será la última. Así es que lo dicho aquí, que no es ni más ni menos que nuestra más humilde opinión, es válido para cualquiera.

La postura del trabajador que de la noche a la mañana se ve en la calle y con pocas posibilidades de reingresar a un mercado laboral hostil, tiene que ser ahora más proactiva que nunca para defenderse de quienes aprovechan las debilidades – del mercado, de las personas, de las empresas, de los gobiernos… – en su propio beneficio, sin más escrúpulos.

Y no conocemos mejor elenco de armas para luchar contra esa despiadada voracidad que la formación y el conocimiento, las habilidades y competencias profesionales, y la actitud personal.

No es lo mismo crear tu propio puesto de trabajo (a lo que dignificamos llamándolo nosotros tu propia empresa, aunque no hayas pasado por el notario para firmar unas escrituras mercantiles), que deambular de empleador en empleador con trabajos “coyunturales” con los que ir sacando a duras penas lo justo para vivir. Qué duda cabe que buscarse la vida trabajando es la más honrada y honrosa de las actividades, pero hay distintas formas de afrontar la tarea y de esas diferencias es de lo que queremos hablarte. Hablarte a ti, trabajador autónomo / freelance que estás leyendo estas líneas.

Para empezar, como somos conscientes de que el punto de partida pesa mucho en tu ánimo, vamos a suponer que has llegado a autónomo porque te has visto obligado a ello, esto es verdaderamente lo que le ocurre a un porcentaje muy alto de esos emprendedores, Startup, freelance, etc. que tan de moda se han puesto en los últimos años. Bien, estás aquí, en este mundillo, porque no te ha quedado más remedio y seguramente a regañadientes, pero lo que intentamos es que conviertas la necesidad en virtud y hagas de ello un motivo de orgullo y satisfacción personal.

No eres menos profesional, menos bueno y menos valioso que cualquier otro trabajador por cuenta ajena. Por tanto, ahí va la primera: no permitas que nadie ni nada minusvalore tu trabajo, mucho menos a ti. Cambia la actitud con la que estás saliendo al mundo cada día a buscarte la vida: tú eres tu propia empresa y tienes un producto excepcional que ofrecer al mercado, un producto por el que tus clientes están dispuestos a pagar. Analicemos despacio esta afirmación:

  • Tú eres tu propia empresa significa que el trabajo que desarrollas tiene entidad suficiente como para ser un negocio. Es además una calificación con visión de futuro porque hoy eres uno pero mañana, quién sabe, puedes ser dos, tres, diez o cien. Las empresas crean puestos de trabajo y no sabemos cuántos puestos de trabajo tendrá capacidad de crear la tuya.

Ser autónomo es una clasificación administrativa que define la forma en la que cotizas a la Seguridad Social, no te define a ti como persona, ni como trabajador. Ni mucho menos define tu trabajo. Te sorprendería la cantidad de personas “importantes” que cotizan bajo este régimen administrativo. Así que ¡¡¡fuera complejos!!! Además, si tu empresa está dada de alta como tal en el Registro Mercantil, sabrás que existen determinadas condiciones que te permiten estar contratado (es decir, cotizando al Régimen General) por ti mismo.

Ser “Empresa” es algo que tú eliges: no lo decide ni el Registro Mercantil, ni tu gestor, ni la Administración. Ser una entidad jurídica es otra cosa y para ello sí debes pasar por todos esos trámites. El momento en el que decidas constituir jurídicamente la empresa, si así lo decides, depende de muchas cosas: tu situación personal y familiar, ventajas fiscales y administrativas, etc. Por tanto, con independencia de si jurídicamente estás constituido como tal o no: tú eres una empresa como auto concepto.

  • Tienes un producto excepcional que ofrecer al mercado. Sin ánimo de exclusión, nos referimos aquí especialmente a todos esos trabajadores de la economía del conocimiento cuyo producto es ese: su conocimiento experto sobre una o varias disciplinas. Y sí, tu producto es excepcional, ese tiene que ser tu objetivo como empresa.

Mi mejor amigo se dedica a la venta de un pequeño instrumento de cocina. Mi amigo tiene un producto excepcional: porque el instrumento en sí es útil, sencillo de manejar y asequible económicamente. Pero es excepcional porque mi amigo lo ha hecho excepcional: ha creado una demostración única con la que consigue reunir – en cada uno de los pases que la ejecuta – a varias decenas de personas; para la demostración ha creado un discurso rompedor, con un atrezo creado ad hoc, su puesta en escena es como una actuación. Cómo habla, cómo se dirige al público, lo que dice y cómo lo dice. Ya te digo, un producto excepcional.

¿Has pensado cómo puedes tú hacer un producto excepcional? Piénsalo y pon manos a la obra. No es lo mismo presentarte al mundo diciendo que eres informático, por ejemplo,  que llevar al mundo tu misión de solucionar todos los problemas técnicos con los que se enfrentan en el día a día las pequeñas empresas. Empieza por definir tu misión y construye en torno a ella tu propuesta de valor. Prepara tu “atrezo” (una presentación, tus tarjetas de visita, un vídeo demo…) y desarrolla tu puesta en escena desde un guión estudiado. Encanta a tus clientes.

Esto no es trivial, ya lo sabemos. Es en lo primero que tienes que trabajar y además nunca dejarás de perfeccionarlo, porque cada vez sabrás más e irás incorporando todo ese expertise. Es la parte más creativa y dinámica de tu forma de vida. Tienes que  trabajar conceptos como la empatía (saber qué quiere y qué necesita tu cliente y proporcionarle un producto que cumpla con esas expectativas y aún más, las supere), la propuesta de valor, el modelo de negocio, el marketing, etc. Por suerte, cada vez encontrarás más documentación sobre estos temas. Busca en Internet, compra libros, busca gente que te asesore, habla con otros que ya pasaron antes por ahí…

  • Tus clientes están dispuestos a pagar. Parece una obviedad pero es que a veces se nos olvida. Tus clientes no están haciéndote un favor, está comprando algo que ofreces y que les interesa tanto como para estar dispuestos a pagar por ello. Por tanto, ni empleadores, ni plataformas, ni ninguna otra denominación distinta a la de Clientes, porque eso es lo que son.

Los clientes tiene intereses, no hay duda. Ellos necesitan algo que tú puedes proporcionar y van a intentar – tal como tú mismo haces cuando estás en el rol de cliente – obtenerlo al mejor precio posible. Tú eres el que decides cuál es ese precio. Obviamente, si quieres estar “en el mercado”, tendrás que ofertar a un precio competitivo. Pero competitivo no quiere decir tirado o por debajo de coste, ni siquiera es obligatorio que seas el más barato. ¿Qué quieres ser? Piensa en tu modelo de negocio y aplica una política de precios acorde. Las estrategias competitivas que aprendimos de Porter son un buen punto de partida.

Una vez más, empieza por estudiar cuáles son los posibles modelos de negocio que aplican a tu campo de acción y define una posición estratégica de tu producto en tu mercado, decide la política de precios en función de esa estrategia. Piensa estratégicamente aunque sea para ofertas muy sencillas. Pensar estratégicamente es afirmar quién eres, decidir cómo y con quién quieres trabajar, bajo qué premisas, y ser coherente con esa decisión.

Cerca de casa acaban de abrir un supermercado cuyos precios han roto completamente el mercado, parecía imposible que nadie pudiera competir con ellos. Pero al pasear por sus pasillos y estanterías, se desvela la estrategia: precios muy bajos para productos básicos comercializados por marcas poco o nada conocidas; y precios más altos (más altos que la media) para productos menos básicos y para marcas con mejor reputación.

Tú también debes tener tu estrategia. Sé consciente de aquello en lo que eres realmente diferencial y ofrece una píldora de muestra pero luego cobra por ello un precio superior; piensa qué es aquello que resulta “básico” y sé más competitivo en precio en ello; combina estrategias y encuentra tu propia identidad en este sentido.

 

El mundo laboral está cambiando a una gran velocidad. Las relaciones laborales se están transformando en relaciones de carácter mercantil. Las agrupaciones organizadas de trabajadores han perdido fuelle y la crisis ha traído consigo más desregularización. En medio de este vendaval, tanto si es una opción elegida libremente como si es una medida a la que te has visto abocado, los trabajadores por cuenta propia tienen que armarse de todas las herramientas empresariales a su disposición para entrar fuertes en el nuevo campo de juego. Actuar como una empresa que son: su propia empresa.

Por último, unos cuantos consejos de quienes ya han recorrido una parte del camino:

  • Asesórate en materia mercantil, legal y fiscal. Paga los servicios de una consulta en una Asesoría / Gestoría y que te cuenten. Posiblemente, puedas beneficiarte de ventajas que no estás aprovechando. Piensa tácticamente también en este asunto: lo que inviertes (lo que te cuesta pagar el servicio de una gestoría) por lo que puedes llegar a mejorar (beneficios fiscales, impuestos mejor ajustados, subvenciones, etc.).
  • No seas “cutre” con tu puesta en escena. Se puede conseguir una buena imagen por un precio realmente asequible, pero no dejes de invertir en tu propia imagen porque es tu carta de presentación.
  • En general, lee, estudia, infórmate, escucha consejos… hay mucha información y mucho conocimiento listo para consumir en Internet y las Redes Sociales, en las bibliotecas, en los centros de información…
  • Sal de tu casa en cuanto te sea posible, no te quedes encerrado. Hay oficinas compartidas, espacios de coworking, puestos de trabajo de uso por horas… Disponer de un espacio de trabajo fuera de casa, aunque sólo sea unas horas a la semana, es de las mejores inversiones que puedes hacer: piensa que con un solo cliente al que contactaras a través de un conocido en uno de estos espacios compartidos, ya habrás cubierto con creces el coste del servicio en ese mes.
  • Estudia tu cuenta de resultados y analízala con los ojos del empresario que eres. Piensa en lo que te cuesta producir tu producto (valga la redundancia) y cuál es el margen bruto que consideras razonable cobrar. Estudia tus gastos fijos y dale la vuelta a la cuenta de resultados: constrúyela al revés para conocer cómo deberían ser esos gastos fijos para que el margen bruto cubra y además genere los beneficios que esperas de tu negocio (tu resultado neto). Haz lo mismo con tu balance y plantea distintos escenarios de inversión a corto y medio plazo, prueba cómo debería ser la dinámica de tesorería para que no te ahogues.

Ahora eres tu propia empresa y por supuesto que te tienes que buscar la vida, como hacen todos los empresarios y también todos los empleados y trabajadores, y el mundo entero. Pero tus cartas en el juego han cambiado. No salgas a jugar siendo empresario con las cartas que tenías como empleado, cámbialas y créetelo.

 

También te puede interesar…

 emprender no es una actividad es una actitud  elemento diferencial  Donde el metodo cientifico conecta con la estrategia
Emprender es una actitud El elemento diferencial Conexión con la estrategia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *