Liderando desde los valores

La cuestión es si un cambio en los modelos de liderazgo en valores no sólo puede servir a la causa de un futuro mejor desde el punto de vista social, sino también al más puro estilo del mercado.

En la incesante búsqueda de causas de la gran crisis económica y financiera que todavía sigue haciendo estragos en nuestro mundo, no fueron pocos los pensadores que descargaron parte de la responsabilidad en un estilo directivo centrado casi exclusivamente en la obtención de resultados económicos, al precio que fuera. Se dijo incluso que la transmisión de valores, o más bien la ausencia de ellos, realizada desde algunas de las Escuelas de Negocio con mayor poder para marcar tendencia, habían operado como un factor determinante.

Liderando desde los valores

Banco de imágenes de Creative Commons, autor 4FRI

Lo cierto es que las empresas forman parte de la sociedad y tienen una gran influencia en los grupos de interés con los que se relacionan: con sus clientes y proveedores, con sus empleados y colaboradores, con la comunidad donde desarrollan sus operaciones,… Por tanto, no parece descabellado decir que si queremos un futuro mejor no queda más remedio que entrenar a un tipo de directivo alejado de aquellos “tiburones” que triunfaron en el pasado cercano.

La cuestión es si un cambio en los modelos de liderazgo no sólo puede servir a la causa de un futuro mejor desde el punto de vista social, sino también al más puro estilo del mercado. Y, en este sentido, opinamos que efectivamente puede ser así. Pensemos por ejemplo en el grupo de empleados y colaboradores de una empresa, es innegable el papel que tienen en el producto final, aquel que se comercializa. En las empresas de alto valor añadido, de productos y servicios con verdadero valor para el cliente, los empleados y colaboradores representan un porcentaje altísimo de dicho valor. El resultado final de las operaciones, en términos de satisfacción del cliente (garantía de su retención, repetición y, por ende, supervivencia de la empresa), está comprometido por esa implicación.

Probablemente, la ventaja competitiva de las empresas con alto valor para sus clientes ya no reside en el precio, el diseño, la exclusividad, ni siquiera la calidad, sino que reside en ese valor añadido que consiste en entregar el servicio que el cliente necesita anticipándose a dicha necesidad y superando sus expectativas: la experiencia de compra. Y ese valor añadido posiblemente sólo puede lograrse conquistando el factor humano emocional del cliente, pero también de los participantes (empleados, proveedores, colaboradores, aliados de negocio) que han puesto su esfuerzo al servicio de un trabajo bien hecho.

Por tanto, las empresas que quieran posicionarse entre las más valoradas por sus clientes, y por la sociedad en su conjunto, van a necesitar de empleados y colaboradores dispuestos a entregar una parte de sí mismos – entendida en el espectro más amplio del compromiso humano – en el desarrollo de su trabajo. ¿Qué trabajadores están dispuestos a eso? Casi todos. Siempre y cuando el balance emocional que resulta del esfuerzo entregado y la recompensa recibida esté equilibrado.

El buen directivo de esas empresas no podrá ser aquel que consiga un mayor esfuerzo a cambio de escatimar recompensa (visión ya superada) sino aquel que consiga mantener ese equilibrio a salvo. Y para mantener el equilibrio tendrá que manejarse muy bien no sólo con los datos económicos, sino con factores humanos, con las emociones, con los valores que colocan por delante a las personas. Tendrá que ser un líder visionario pero también inspirador, capaz de motivar y de generar engagement con sus propios colaboradores.

Echando mano de las teorías motivacionales de Maslow, se trata de escalar la pirámide para encontrar cuáles son esos factores que retendrán al buen empleado o colaborador comprometido, y habrá que escalarla con el mismo ahínco con el que se buscan métodos para la fidelización de los clientes.

Los directivos líderes tendrán que conocer en profundidad cómo funciona el ser humano, cómo funcionan sus elementos motivacionales, tendrán que tener una buena dosis de inteligencia emocional para liderar la organización. La función directiva es a la empresa lo que el capitán a su barco: ejerce un papel principal visionario de tal suerte que el futuro de aquella pasa por su desempeño. De cómo se ejerza ese liderazgo va a depender la consecución de resultados y la supervivencia de la Organización.

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4 comentarios sobre “Liderando desde los valores

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