Lo que el trabajo voluntario ha hecho por mi vida

Trabajar y cobrar un sueldo son dos cosas diferentes. Tener experiencia y tener un contrato, también. Descubre el valor del trabajo voluntario.

Desde COCREANET, trabajamos con las pequeñas empresas y con los emprendedores para ayudarles a identificar oportunidades, definir el modelo de negocio, elaborar su plan de empresa…, en definitiva, cooperamos para hacer realidad su sueño empresarial. Esta forma de trabajar, tan pegada “al terreno”, nos permite entablar con los clientes una relación con una dimensión personal muy especial, siempre enriquecedora. No pocas veces, en este clima de confidencias, nos ilustramos mutuamente con nuestra historia particular, esa por la cual cada uno hemos llegado adonde ahora estamos.

lo que el trabajo voluntario ha hecho por mi vida

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Daniel Thornton

Esa otra cara de nuestro trabajo, lejos de planes de empresa y presentaciones, de hojas de cálculo, de lienzos de negocio y estrategias… nos regala momentos mágicos. El cliente – amigo redescubre a veces de esta forma la razón más profunda por la que un día decidió montar su negocio y creednos si os decimos que en muchas ocasiones esa visión genuina encierra la auténtica propuesta de valor, la que le hará diferencial y de la que sus clientes se enamorarán.

Lo decimos por experiencia: esa fue, precisamente, la semilla de COCREANET. Nacimos con un propósito: queremos cambiar el mundo en el que ciertas personas hacen negocios. Es una vocación, la de remover obstáculos y transformar, que me persigue desde que tengo uso de razón. Durante muchos años canalicé esta inquietud a través del trabajo voluntario; por tanto, casi podría decir que existimos como empresa gracias al activismo.

El trabajo voluntario representaba esa otra parte de mi vida en la que podía mostrarme tal como soy: nadie me evaluaba ni decidía sobre mi futuro, no había en juego sueldo a fin de mes ni jerarquía que escalar… sin presiones. Me sentía completamente libre. Y en ese ambiente de libertad resulta que era donde mejor desempeño tenía, me podía desenvolver y desplegar toda la creatividad que como profesional con salario estaba en cierto modo limitada.

Es muy común recibir alabanzas cuando cuentas que dedicas una parte de tu tiempo libre al trabajo voluntario pero, los que lo hemos experimentado en primera persona, sabemos que en realidad somos nosotros los que estamos en deuda: no he encontrado otra fuente de satisfacción igual, nada tan gratificante. Descubrí, por ejemplo, cuánto me gustaba la comunicación y que tenía habilidades especiales para ella. Asumí responsabilidades de gestión económica y de personas que no hubieran sido posibles siquiera soñar en mi escalafón laboral de aquel momento. Aprendí sobre materias que estaban lejísimos de mis estudios universitarios y mi formación reglada. Experimenté el reto de liderar equipos cuando no te respalda un organigrama formal. Desarrollé competencias para negociar y llegar a acuerdos win – win, conciliando intereses muchas veces contrapuestos y gestionando las emociones, propias y ajenas.

De esta forma, el trabajo voluntario representó en mi trayectoria profesional una especie de vida paralela que resultó infinitamente más rica e inspiradora. Después tuve ocasión de incorporar todas esas competencias al plano laboral, lo que en definitiva viene a ser mercantilizar tu valor profesional. No lo digo como crítica porque los beneficios para mí están claros: poder vivir de lo que te gusta, ¡nada menos!

En mi caso, el trabajo voluntario fue la aportación más generadora de valor de mi actual historial profesional – laboral. Pero, sobre todo, es la experiencia vital más transformadora. Ya veis, empezaba diciendo que tenía una inquietud por cambiar el mundo y resulta que fui yo quien se transformó.

Esa misma vocación, esa necesidad genuina de colaborar con los que tal vez tienen menos recursos, ese querer remover obstáculos que impiden a los más pequeños llegar donde están los grandes, ese arrimar el hombro en vez de aceptar las cosas tal como vienen, es el germen de COCREANET.

Por eso, cuando escuchamos a nuestros clientes, lo hacemos desde ese espíritu de servicio y el éxito que más celebramos no es el de los números (aunque al final todos – nosotros y también nuestros clientes – comamos de ello) sino el de haber inoculado el virus del inconformismo, ese que te traslada más allá de la zona de confort para obligarte a crecer, a ti y a tu negocio, definitivamente.

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