Management para negocios “normales” (II): bootstrapping

Descubre la filosofía management bootstrapping y cómo aplica a los momentos iniciales de un negocio, cuando no hay todavía posibilidades de financiación.

En el anterior post de esta serie dedicada a los negocios normales  (management aplicado) vimos cuáles eran las diferencias entre los emprendedores que llamábamos “de moda” y el grueso de los emprendedores y pequeños empresarios de este país. Básicamente, descubrimos que la moda tiene más que ver con resultar atractivo a ojos de un potencial inversor externo, que con la viabilidad y tener un buen negocio.

 

Management bootstrapping negocios normales

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Pictures of Money

Aun así, los negocios “normales” también necesitan, en la mayoría de los casos, financiación. ¿Qué hacer cuando no puedes acudir a un inversor externo? Este es el objetivo de esta segunda entrada dedicada a los negocios normales.

 

La mejor manera de empezar un negocio (ya sea una pequeña empresa o un autoempleo freelance) es pedir prestado la menor cantidad de dinero posible (si es factible, contar sólo con los recursos propios, sin pedir nada a nadie). Y para eso hace falta controlar muy mucho:

 

  1. La inversión: invertir sólo en aquello que realmente se necesita para que pueda empezar a funcionar el negocio. Por ejemplo, hay equipos y maquinaria cuyo coste es lo suficientemente importante como para resultar una inversión de alto riesgo sin haber probado aún la viabilidad del negocio. Un ejemplo todavía más de “andar por casa”: un autónomo que se va a iniciar en el mundo del taxi, antes de invertir en la licencia (que supone un desembolso de dinero importante), puede probar el negocio bajo la licencia de un tercero (un arrendamiento, incluso de forma asalaria inicialmente). En general, en los momentos iniciales de un negocio (cuando todavía no hemos tenido ocasión de probar su viabilidad), conviene “adquirir” (entendiendo como compromisos a largo plazo) lo menos posible.

 

  1. Los costes de explotación y funcionamiento: ni qué decir tiene que hay que reducirlos a los imprescindibles. Por ejemplo, la mayoría de los negocios que tienen que ver con la llamada economía del conocimiento (profesiones como abogados, arquitectos, diseñadores, programadores, traductores…), no necesitan un local propio para desarrollar su actividad, son mucho más aconsejables en los primeros tiempos los espacios de coworking (ya hemos comentado también en otros post que se trata además de toda una filosofía de vida) o las oficinas compartidas.

 

  1. Relacionado con los anteriores, hay que tener la humildad suficiente como para pedir ayuda (sin caer en el abuso) combinado con la valentía del “háztelo tú mismo”. Por ejemplo, si tienes un amigo familiarizado con el mundo del diseño, le puedes pedir el favor de que te haga el logo (a cambio, seguro que tú sabes hacer otra cosa con la que le puedes ayudar a él). Internet es el mejor ejercicio de democratización del conocimiento que ha existido nunca: puedes encontrar información y herramientas con las que poder abordar tareas complejas que no has hecho nunca pero para las que estás capacitado por tu formación. Ojo que esto no significa que no dejes en manos de profesionales lo que realmente requiere de su intervención (por ejemplo, todo lo que tiene que ver con los asuntos legales de tu empresa siempre estará mejor en manos de un gestor, a menos que tú mismo seas abogado); pero sí por ejemplo estudiaste ADE, aunque nunca hayas presentado los impuestos, seguro que con un poco de documentación y ganas eres capaz de hacerlo tú solo (teniendo en cuenta que se trata de una pequeña empresa y no de una multinacional, claro está). Como casi todo en la vida, equilibrio y sentido común.

 

Todo lo anterior es una filosofía de vida emprendedora que los americanos denominan “bootstrapping”. Y que se resume en emplear el menor número posible de recursos, utilizando medios que estén al alcance e intentando aprender rápido para empezar a generar ingresos cuanto antes. Lo de “aprender” además tiene su trasfondo: nadie nace aprendido y adoptar una mentalidad de aprendiz al montar un negocio nuevo es muy beneficioso para encontrar cuanto antes sin prejuicios el modelo de negocio que haga viable la idea o el proyecto. En otros post (y en esta misma serie también lo trataremos) hemos hablado del enfoque LEAN STARTUP como filosofía metodológica para abordar nuevos negocios. Es perfectamente aplicable a los negocios “normales”.

La ventaja del bootstrapping es que disminuye considerablemente la necesidad de financiación externa. Evitar la financiación remunerada (que supone pago de intereses) es clave para mantener bajo control el endeudamiento y las cifras generales del negocio. Además, bajo esta filosofía, el negocio puede permitirse tardar más tiempo en arrancar (tiempo que se dedica al aprendizaje) y acaba instaurando una especie de “cultura del ahorro” que puede ir más allá de los momentos iniciales.

Con todo, hay que saber también cuando recurrir a la financiación externa: cuando la falta de dinero impida consolidar un negocio que ya se ha demostrado que funciona. Es decir, si ves que tu idea funciona y que tus clientes no sólo la han acogido bien sino que están creciendo (a esto le llamamos tener tracción de mercado), no cortes el crecimiento porque necesites pedir un préstamos al banco. Las ventanas de oportunidad también existen en este contexto y si has alcanzado una buena posición en tu mercado conviene conservarla.

La inmensa mayoría de los pequeños empresarios  de este país responden a este tipo de emprendedor “bootstrapping”, aunque sólo fuera en sus comienzos y hoy día se puedan permitir una forma de vida más holgada. Somos creativos, de eso no cabe duda.

Ya hemos visto (en este post y sobre todo en el anterior de esta serie) por qué no somos emprendedores de moda (no nos sentimos identificados con el estereotipo). En los siguientes artículos que dediquemos al management de los negocios “normales” iremos viendo lo que sí nos caracteriza, qué nos pasa y por qué resulta tan difícil encontrar a veces ayuda.

 

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