Management para negocios “normales” (III): recursos

Los emprendedores y negocios tradicionales (“normales”), tienen necesidades y problemas no resueltos por el ecosistema emprendimiento. Management aplicado.

Ya hemos visto en las dos entradas anteriores de esta serie dedicada al management aplicado los negocios “normales”, por qué no nos sentimos identificados con el estereotipo de moda en el entorno del emprendimiento y cómo podemos abordar las necesidades de financiación sin recurrir a inversores. A partir de aquí veremos lo que sí nos caracteriza, qué nos pasa, por qué a veces resulta tan difícil encontrar el apoyo que necesitamos.

Management recursos para negocios normales

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Kristine Paulus

En los últimos años hemos visto multiplicarse el número de recursos públicos y privados dedicados al emprendimiento: aceleradoras, viveros, incubadoras, plataformas, blogs, redes de inversores y business angel… Es curioso que muchos emprendedores con los que hablamos nos digan que, a la hora de la verdad, se sienten solos y perdidos. Ni qué decir tiene que son pocas las micropymes o pymes en funcionamiento que se plantean poder obtener ayuda a través de estos recursos. El problema de unos y otras es fundamentalmente que no se sienten representados en este ecosistema. Una vez más, cuando te sales del estereotipo “joven millennial con startup tecnológica que busca inversor” dejas de estar en el foco de interés.

A modo de resumen, los recursos se pueden clasificar en dos categorías:

  • Lugares físicos donde establecer la nueva empresa.
  • Lo intangible: información, conocimientos y asesoramiento para apoyar la creación de negocios.

La combinación de estos dos elementos, junto con su consideración de titularidad pública o privada, revierte en ese inmenso galimatías de términos que nos hemos acostumbrado a ver en medios de comunicación:

  • Espacios de coworking: una sede física para tu empresa donde además se esfuerzan por crear comunidad entre los coworker. Los hay de titularidad pública y privada. Con más o menos recursos de apoyo intangible (desde charlas y talleres hasta encuentros formales de networking, por ejemplo).
  • Viveros: la mayoría de titularidad pública, o directamente o mediante convenio con alguna administración. Ofrecen también espacio físico y un conjunto de servicios que pueden ir desde formación hasta networking. Como los precios suelen estar subvencionados, lo habitual es que se limite el tiempo de estancia.
  • Aceleradoras e Incubadoras: centran su atención en el momento inicial del negocio, apoyando al emprendedor con recursos intangibles que pueden ir desde el asesoramiento hasta incluso el contacto con redes de financiación alternativas. Suelen dotarse también de espacio físico para ubicar allí temporalmente a las empresas que están acelerando. Suelen ser de iniciativa privada. Muchas veces se usan los términos indistintamente aunque las aceleradoras suelen coger los proyectos en fase idea mientras que las incubadoras estarían en fases de lanzamiento. Otra variedad son las Lanzaderas.

 

Los recursos anteriores pueden tener carácter temático (se centran en un área o sector de actividad concreto) o ser más generalistas. Pero lo cierto es que, a excepción de los espacios de coworking privados – donde se establece una relación mercantil (basada en un contrato de arrendamiento de espacio) con las empresas y emprendedores allí ubicados (un modelo similar al de los Centros de Negocios de toda la vida) -, el principal hándicap que encuentra el emprendedor que quiere acceder a uno de estos recursos es que la elección la hace el recurso, y no al revés. Es decir, es la aceleradora (por poner un ejemplo) la que elige los proyectos que va a acelerar de entre las candidaturas que tiene.

La cuestión clave es que el aumento de la oferta de recursos, en la práctica, no ha servido para que el grueso de los trabajadores por cuenta propia, ya sea como freelance o en proceso de puesta en marcha de sus empresas, amplíen sus posibilidades de apoyo. En muchos casos, existe un gran desconocimiento – propiciado en mucha medida por el gran volumen de información y sobre todo su dispersión -, pero otras veces el problema es que realmente no se cubren todas las necesidades ni a todos los tipos de emprendimiento, mucho menos si hablamos de pymes ya funcionando.

La mayoría de los emprendedores tiene muchas dudas sobre su idea, se cuestiona su viabilidad y tampoco sabe cómo ni con qué criterios validarla. Desconoce muchos aspectos de la puesta en marcha de un negocio, tanto desde el punto de vista burocrático (legal, jurídico, fiscal, etc.), como desde el punto de vista de la gestión y la propia organización. Se puede conocer muy bien el sector de actividad pero es muy posible que exista una carencia formativa importante en materias que tienen que ver con todo lo mencionado. Ni todos los emprendedores tienen un MBA, ni mucho menos son abogados o fiscalistas o…

Además, desconocen o han tenido muy poco acceso a enfoques de trabajo, metodologías y técnicas  del management que se han demostrado muy eficaces en la puesta en marcha de un negocio. Herramientas cuya utilización se encuentran muy concentrada en esos viveros, aceleradoras y otros recursos que mencionábamos.

Estamos, por tanto, en la clásica “pescadilla que se muerde la cola”: los emprendedores no acceden a los recursos del ecosistema emprendimiento porque desconocen la red y/o porque no encajan en el perfil – tipo de la misma, y mientras permanezcan fuera de la red, no tendrán acceso a los recursos.

Por no hablar de los problemas y necesidades de las microempresas y las pymes. El tejido productivo de este país está conformado en buena parte por pymes muchas de las cuales llevan años operando en el mercado. Sus limitaciones presupuestarias, formativas, etc. las van abocando poco a poco, a muchas de ellas, a una situación de estancamiento que puede resultar peligrosa para su supervivencia. En otros casos, se trata de abordar grandes retos (introducción de los nuevos canales de operación y venta, como el ecommerce; integración de la tecnología en su operativa interna; etc.) para los que no disponen ni de ayuda, ni la mayoría de las veces un mínimo soporte consultivo.

Hay, por tanto, todo un rosario de necesidades y problemas que quedan fuera de la oferta del denominado “ecosistema emprendedor”, centrado casi exclusivamente, como hemos visto, en un modelo muy particular de emprendedor y de negocio.

Los negocios “normales” necesitan asesoramiento, soporte y apoyo de tipo consultivo. Necesitan que les conduzcan de la mano por las lógicas probadas de construcción de negocios (aunque se trate de empresas ya consolidadas) como LEAN STARTUP y otros enfoques ágiles y plenamente orientados a usuario. Necesitan que les echen una mano con la estrategia, con sus modelos de negocio (sobre todo, a la hora de integrar nuevos canales, nuevos productos o servicios), con el management. Están pidiendo a gritos apoyo y soporte en el abordaje de grandes retos relacionados con la innovación o con la tecnología.

Y, sin embargo, la paradoja es que muchas de las técnicas, metodologías y herramientas, tanto en las fases de ideación y lanzamiento, como en momentos de reformulación o reposicionamiento en negocios ya funcionando, que se utilizan en ese ecosistema de “emprendimiento de moda”, son perfectamente aplicables a esos otros negocios “normales”. Ellos también pueden beneficiarse de la ciencia del management. En los siguientes post, intentaremos ir desgranando algunos de esos conceptos o factores de éxito y ver de qué forma pueden adaptarse a los negocios “normales”.

 

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