La conexión entre objetivos económicos y sociales

Son las personas las que con su hacer y estar determinan el legado que dejan las organizaciones en la sociedad, ya sean organizaciones sociales, empresariales o de cualquier otro tipo.

organizaciones sociales empresariales

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Matthias Rip

Este post responde a la pregunta que me hicieron recientemente sobre cómo se puede contribuir a un fin social desde una iniciativa netamente empresarial. Una vez más, aparece la  clásica dicotomía entre los objetivos económicos que se le suponen únicos a las organizaciones empresariales y los objetivos sociales.

En un intento de explicar una vez más lo que me niego a considerar una contradicción, voy a construir una especie de decálogo que pueda servir de inspiración sobre todo a las empresas y emprendedores, pero también a los que trabajan por y para organizaciones sociales y que piensan que las primeras son el enemigo a batir (o al menos, que no pueden hablar el mismo idioma).

  1. En su origen, todas las empresas son una forma de buscarse la vida. En efecto, cualquier súper corporación empresarial, por global e inmensa que sea, fue un día sólo un proyecto en la cabeza de alguien. Pensemos además que casi siempre ese proyecto respondió a una necesidad vital y primaria: la de ganarse el sustento. Por tanto, una empresa no es más que la cristalización de una necesidad humana: ideada por seres humanos y levantada por seres humanos, exactamente igual que cualquier otra organización.
  2. Hay tantas empresas distintas como hay emprendedores diferentes. Las generalizaciones son siempre la forma más pobre que tenemos las personas de comprender nuestro entorno, y un foco de prejuicios que limita más que hacernos crecer. En mi vida laboral he conocido empresas maravillosas (porque lo eran las personas que las hacían posibles) y empresas terribles, y en alguna ocasión incluso la misma empresa puede mutar de una cosa a la otra por arte y magia de quién o quiénes están al frente. Ayer fuimos empleados y hoy somos emprendedores y en nuestra esencia somos las mismas personas, con los mismos valores que llevaremos allí donde estemos.
  3. Construir una empresa es generar una oportunidad para las personas. En primer lugar, ya decíamos en el primer punto, una oportunidad para el propio equipo de emprendedores, pero también una oportunidad para otras personas que se benefician de la existencia de esa empresa: trabajadores, colaboradores, proveedores, clientes… Leí una vez: haz de tu empresa algo que si no existiera mereciera la pena inventarlo, pues eso. La visión del emprendedor es la de convertir en valor algo que está a su alrededor de forma difusa e inconexa. En ese sentido, un emprendedor es un catalizador y el valor que es capaz de crear con su visión se convierte así en un espacio de oportunidad donde ocurren cosas que pueden beneficiar a mucha gente.
  4. Una empresa es un foco de progreso en según qué comunidades se instala. En España, sin ir más lejos, conocemos zonas que han sido pasto de la despoblación y el abandono. Casi siempre, la sentencia de muerte la firma una industria que migra o un sector económico que deja de tener interés. Pero esta lógica funciona exactamente igual en sentido contrario: hay lugares, comunidades, donde la instalación de una pequeña fábrica, la implantación de un negocio, ha logrado devolver la esperanza perdida. No es baladí que organizaciones encargadas de la cooperación internacional, por ejemplo, propicien la creación de empresas (ya sea en forma de cooperativas u otros modelos de sociedades mercantiles) en zonas especialmente deprimidas, apoyando el espíritu emprendedor de las poblaciones más vulnerables (como las mujeres indígenas a través de instrumentos como los microcréditos).
  5. Casi todas las empresas tienen fines lucrativos lo que no quiere decir que además no persigan otros objetivos. No discuto que no haya emprendedores que monten negocios “para forrarse” (de hecho, por desgracia he escuchado esta expresión ligada a otros ámbitos que nada tienen que ver con el entorno empresarial), pero conozco muchos empresarios para los que el dinero es un medio y no un fin. Es un medio para ganarse la vida (ya lo hemos dicho antes), para pagar las nóminas y pagar a sus proveedores, y para seguir invirtiendo en mantener a flote su negocio. Esto es ni más ni menos lo que quiere decir tener un fin lucrativo, lo que no está en absoluto reñido con perseguir otros objetivos: sociales, de progreso, de generación de oportunidades, de combatir injusticias, desigualdades, etc.
  6. Los valores que acompañan a una organización son mucho más que un eslogan: es una forma de estar en el mundo. Siempre he dicho que las empresas tienen alma y que cuando trabajas en una empresa tienes que sentir que tu propia alma se alinea con la de tu empresa, signifique eso lo que signifique. Trabajé hace años en una empresa donde sentí plenamente esa alineación, en consonancia no sólo con las personas que la dirigían sino con la gente que me rodeaba, mis propios compañeros. De la misma manera, he pasado épocas trabajando en empresas donde me sentí muy lejos de todo el mundo. Ahora que tengo mi propia empresa ella no es diferente a lo que nosotros mismos, sus fundadores, somos. Nuestra manera de estar en el mundo está en la esencia de todo lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Por tanto, si una empresa dice que es honesta (uno de los “top ten” que figuran en todas las declaraciones de valores empresariales) que lo diga, lo que importa es ¿son honestas las personas que la forman? Suerte que los humanos tenemos un radar especial para detectar las incoherencias.
  7. Una empresa puede ser un arma para cambiar el mundo… a mejor. Si la política es un instrumento para cambiar el mundo, por su capacidad para influir con acciones en la vida de la gente y en el entorno social, una empresa hace algo muy similar y, por tanto, está dotada de esa capacidad para cambiar el mundo. Por supuesto que los cambios pueden ser a mejor para una gran mayoría o a peor, igual pasa en la política (lo vemos cada día). Aprendí precisamente en otra etapa de mi vida que las grandes aspiraciones se acababan concretando en pequeñas actuaciones capaces de operar cambios que funcionaban como eslabones en una cadena, generando un movimiento de mejora que sólo podía verse con la distancia y la perspectiva del tiempo. Piensa en grande actúa en pequeño que dicen algunos.
  8. El capitalismo salvaje es el cómo no el por qué. No todas las empresas apoyan ese modelo. Por supuesto que no. La Ley de la Selva, en la que gana el más poderoso, el que más ventajas tiene de partida, el que está dispuesto sin escrúpulos a triunfar al precio que sea y dejando por el camino lo que tenga que dejar, es un modelo de gestión que aplica a empresas, a organizaciones de cualquier otro tipo y, también, a personas individuales. Pero es una opción, no es la única alternativa y me atrevo a decir que ni siquiera es la más utilizada con carácter general. Dice Simon Sinek, en su “círculo de oro” que lo importante es el por qué y que sólo después viene el cómo. Las empresas, como las personas, tienen un propósito en la vida (aunque algunas ni lo verbalicen), un por qué. Pues bien, ese por qué seguro influirá en el cómo, les ayudará a elegir un modelo para lograr ese propósito, pero conviene no confundirlos.
  9. Ayudar a otros a montar empresas es una forma de aportar valor: a los emprendedores o empresarios, a los clientes y a la sociedad en su conjunto. Esta es la misión de COCREANET, sin ir más lejos. Hay muchas empresas y mucha gente que se dedica a ayudar a otras empresas y emprendedores a levantar sus negocios y les aportan un valor inestimable, porque les ofrecen una luz, una guía, un apoyo, una mano que les haga las cosas un poco más sencillas. Claro que vivimos de esto, y también tenemos que pagar nuestras facturas, no trabajamos gratis como no trabaja gratis el médico que te ayuda a recuperar la salud perdida y a nadie se le ocurriría poner en duda su aportación de valor.
  10. Las empresas que invierten en otras empresas tienen la oportunidad de decidir aquello por lo que apuestan. Dejamos para el final uno de los grandes temas de actualidad en este mundillo del emprendimiento: el de la inversión. Aunque nos gusta decirles a los emprendedores que sus principales inversores son sus clientes, hay veces que las empresas, en etapas de crecimiento, necesitan de inyecciones financieras para poder hacer frente con solvencia a esa expansión. La llave la tienen quienes deciden sobre esa inversión. No se trata de confundir inversión y mecenazgo, no estamos hablando de eso, quien invierte su dinero busca su recuperación; pero dentro de este objetivo hay apuestas y apuestas. Hay grandes inversores que, además de rentabilizar su inversión, han contribuido a proyectos sociales importantes.

 

En definitiva, a la pregunta inicial de cómo es posible contribuir a un fin social desde una perspectiva meramente empresarial, cabe responder negando la mayor: no hay incompatibilidad entre organizaciones sociales y empresariales, todas tienen algo  que aportar y eso depende, básicamente y como no podía ser de otra manera, de las personas que las conforman.

 

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