La innovación después de la innovación

Las grandes empresas se pueden estar enfrentando a la paradoja de elegir entre innovar para procurar su supervivencia futura o sacrificar esta por obtener un atractivo en el presente para inversores y accionistas.

Termino de leer el artículo de Forbes sobre la intervención de Steve Blank en The Drucker Forum 2017 y, como siempre, me resulta una fuente de inspiración. Intenta el maestro encontrar una explicación a por qué empresas referentes de la innovación, tal es caso de General Electric y Procter and Gamble, están sufriendo la incomprensión de inversores y accionistas. Tanto hablar de la necesidad de innovar para poder seguir compitiendo en el contexto actual de alta incertidumbre para, al final, pagar un alto precio por ello (el despido, en el caso del CEO de GE).

Me pregunto, ¿no será esta una nueva cara, no descubierta hasta ahora, de la paradoja de la innovación?

Paradoja innovación

Banco de imágenes de Creative Commons, autor Transformer18

 

Paradójico es, sin duda, porque si una empresa no innova está condenada a morir pero cuando introduce la innovación en su estrategia, como en los casos mencionados, parece que no pueda librarse de un terrible castigo. ¿Qué hacer, entonces?

Y es que empiezo a sospechar que clientes y accionistas o inversores viven en mundos distintos y condenados al desencuentro: lo que los clientes aman resulta a veces tan alejado de los intereses de quienes sostienen financieramente a la empresa.

En el mundo startup, en el que nos movemos con frecuencia, constatamos el irresistible atractivo que para los inversores tienen las propuestas más innovadoras. Los equipos de emprendedores, a la busca de inversores, se esfuerzan en mostrar cómo sus ideas, una vez ejecutadas, disrrumpirán sus respectivos mercados. El mainstream está mal visto en este entorno. Qué curioso que después, esos mismos inversores (u otros), castiguen a las empresas que mantienen en su ADN la innovación.

Dice Steve Blank que los inversores y accionistas premian a las empresas cuyos directivos son capaces de ejecutar brillantemente un modelo de negocio. Pero ejecutar bien un modelo de negocio que hoy funciona no tiene garantía alguna de futuro. Es algo así como exprimir al máximo la gallina de los huevos de oro sabiendo que precisamente por ello morirá en un futuro no tan lejano.

El capital viene y va, ni se crea ni se destruye, se transforma. Cuando una inversión deja de ser atractiva, a otra cosa mariposa. Sin ánimo de generalizar, porque como en todo resulta un error hacerlo, los intereses del capital son finalistas: importan los resultados. Las startups son atractivas precisamente por su condición de startup, de promesa, de ilusión si queremos llegar a lo metafísico, y la innovación va inherente porque no podría ser de otro modo en algo que está naciendo. No se puede nacer viejo. Sin embargo, esa misma “juventud” se penaliza en las corporates: zapatero a tus zapatos que diría aquel.

La innovación después de la innovación es esa paradoja a la que se enfrentan las empresas que hace tiempo dejaron de ser startups. La innovación después de la innovación es necesaria para sobrevivir como empresa pero no le gusta nada a quienes pagan por hacer bien lo que sabes hacer bien, sin experimentos. Lo que un día te hizo grande se convierte en tu peor enemigo, desde este punto de vista.

Son varios los motivos que maneja Steve Blank pero entre ellos llama mi atención, uno: los inversores están interesados en la gratificación inmediata, sacrificar el futuro por los resultados del presente. Y yo añado: si, cada vez más, vemos como las startups rápidamente adquieren la condición de gran empresa a golpe de talonario (capitalización a través de rondas de inversión), la paradoja de la innovación después de la innovación puede conducirnos a un estado en el que sólo esas startups resulten atractivas a la inversión. Es una exageración, lo sé, pero me resulta perturbador pensar que podemos llegar a plantearnos el dilema de elegir entre nacer y crecer o sobrevivir. La gratificación inmediata versus construir empresa.

Construir empresa es muy distinto a dar un pelotazo. Construir empresa es crecer poco a poco, preferentemente de manera orgánica (financiándote gracias a los ingresos procedentes de los clientes). Engordar artificialmente la caja a costa de rondas de inversión es pan para hoy y hambre para mañana. Una empresa que encuentra un modelo de negocio rentable y escalable y que sólo se dedica a explotarle, sin atender el entorno cambiante, sin invertir en innovación, está reduciendo inexorablemente su valor futuro, está sacrificando el largo plazo por el corto plazo, y está comprometiendo seriamente su supervivencia.

¡Ah!, el cortoplacismo, quizá otra de las características de nuestro tiempo. Pero eso ya es materia de otro post.

 

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