Recientemente hemos tenido la oportunidad de viajar a Miranda do Douro, en Portugal, para lanzar junto a nuestros socios de Rural Move y Tierras del Cid el proyecto Erasmus+ RuralRoot. Más allá de las reuniones y las sesiones de trabajo, el verdadero valor de estos encuentros es conocer a las personas y los proyectos que dan vida a los territorios.

Miranda do Douro es uno de esos lugares donde el paisaje habla por sí solo.
El río Duero – Douro marca el territorio y, al mismo tiempo, lo conecta. Durante siglos ha sido frontera, pero también ha sido puente.
Ese espíritu es, en cierto modo, el que inspira el proyecto RuralRoot: mirar el territorio compartido desde una lógica de cooperación, reconociendo que las dinámicas sociales, económicas y culturales no entienden de fronteras administrativas.

Foto del rio Duero-Rio Douro desde el mirador de Picote (miradouro da Fraga do Puio)
Pero más allá del proyecto, lo que realmente nos llevamos de este viaje fueron las historias.
Historias de personas que han decidido apostar por su territorio.
Como la empresa familiar dedicada a la cuchillería artesanal. Ya en su tercera generación, siguen trabajando con una mezcla admirable de tradición y adaptación a los tiempos actuales.
En un mundo dominado por la producción industrial, ver cómo un oficio se mantiene vivo gracias al conocimiento acumulado durante décadas es casi un recordatorio de que la innovación también puede consistir en saber preservar lo que funciona.
Emprender desde lo cotidiano
Conocimos pequeños restaurantes familiares donde la cocina es mucho más que un negocio. Mujeres que han convertido su pasión por la gastronomía en un proyecto de vida, ofreciendo una cocina honesta, profundamente ligada al territorio.
Son espacios donde se percibe algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de emprendimiento rural: que los proyectos no nacen solo de estrategias o planes de negocio, sino también de afectos, identidad y arraigo.
O los proyectos de artesanía local, que demuestran que en territorios pequeños pueden surgir iniciativas culturales capaces de abrir nuevas miradas y generar actividad.
Son todos esos proyectos discretos los que construyen nuevas oportunidades para el territorio.
El río que nos une
Este proyecto tiene un hilo conductor constante: el Duero – Douro.
Un río que atraviesa territorios, culturas y comunidades a ambos lados de la frontera, sin llegar a ser nunca una línea divisoria. Experiencias como RuralRoot nos recuerdan que también es un espacio de encuentro.
Porque cuando miramos el territorio desde la cooperación, los prejuicios se diluyen y aparecen con más claridad las oportunidades compartidas.
Proyectos como el Erasmus+ RuralRoot sirven precisamente para eso: para mirar el territorio desde otra perspectiva, para descubrir proyectos que muchas veces permanecen invisibles y para recordar que el desarrollo rural no es una abstracción.
Tiene nombres, rostros e historias concretas.
Historias que construyen el futuro de nuestros territorios.
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Desde siempre aspiré a hacer de este un mundo mejor, más justo, más igualitario. Desde COCREANET, la empresa de la que soy socia y fundadora, aterrizo mi propósito en proyectos de innovación, empresarial, social y, ahora también, rural. Un compromiso con las personas y con la sociedad.






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