Cuando el objetivo es mejorar la vida en nuestros pueblos, sobran los recelos y faltan alianzas. Porque el territorio no se defiende compitiendo entre quienes quieren cuidarlo, sino sumando capacidades, conocimiento y compromiso.
Nunca pensé que llegaría el momento de tener que defendernos por intentar desarrollar proyectos que buscan generar un impacto positivo en nuestro entorno. Pero, como bien decía mi amigo “El Oráculo”, “no hay buena acción sin castigo”.

Imagen generada adhoc para esta entrada de blog por Dall-e
Escribo estas líneas a raíz de una frase que, medio en broma, solemos comentar con el gerente de nuestro Grupo de Desarrollo Local cuando tratamos de impulsar iniciativas que mejoren la vida y las condiciones de nuestro territorio. Parece que a algunas personas les molesta especialmente que surjan propuestas nuevas, innovadoras y con capacidad de impactar de forma positiva en la comarca. Es una actitud que recuerda a aquella expresión que se escuchaba en algunos pueblos cuando parte de sus habitantes emigraban a las ciudades: “Cuantos menos seamos, a más tocamos…”. Una forma de mirar el territorio desde la escasez, desde la competencia y desde el miedo a que otros también puedan aportar.
Mi tesoro…
Desde que decidimos cambiar una gran ciudad por el entorno rural, jamás hemos criticado a quienes llevan años trabajando día a día en estos territorios. Todo lo contrario. Defendemos como oro en paño a todas las personas que, de una manera u otra, han dedicado su tiempo, sus ganas y su compromiso a mejorar la vida en nuestros pueblos.
A todas ellas les deseamos la mejor de las suertes y toda la fuerza necesaria para seguir adelante con su trabajo. Porque sostener el mundo rural no es fácil. Requiere constancia, generosidad y una enorme capacidad de resistencia.
Tampoco hemos criticado nunca la forma de hacer de nadie, ni antes ni ahora, aunque algunas metodologías estén muy alejadas de lo que, desde nuestra experiencia profesional, podamos considerar más acertado. Como dice el conocido proverbio: “Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones”.
No buscamos pureza en el pensamiento ni una única forma válida de actuar. Creemos que todo aquello que ayude a mejorar la vida de la gente de nuestros territorios debe ser bienvenido. Venga de una asociación, una fundación, una consultora, una administración, una empresa social o cualquier otra entidad comprometida con el medio rural, tanto antigua como nueva.
Ahora bien, dicho esto, también nos gustaría lanzar una reflexión a quienes alguna vez han cuestionado nuestro enfoque o nuestra manera de trabajar.
Quienes hemos decidido apostar por la tierra de nuestros mayores, dejando quizá atrás una vida más cómoda, más rentable o con más oportunidades en lo económico y en lo social, merecemos, al menos, respeto. No pedimos un apoyo especial. No pedimos privilegios. Pero sí respeto por nuestro trabajo, por nuestras ganas y por la ilusión con la que defendemos aquello en lo que creemos.
Creíamos —y seguimos creyendo— que traer nuevas formas de trabajar, nuevas maneras de generar impacto y nuevas herramientas para afrontar los retos del territorio podía ser algo positivo. A eso algunos lo llaman innovación. Otros quizá utilizan la palabra sin terminar de entenderla. Para nosotros, innovar no es hablar de futuro con grandes titulares, sino probar, aprender, colaborar y poner el conocimiento al servicio de las personas.
Por eso, toda entidad que quiera contribuir honestamente a mejorar la vida en el medio rural debería ser bienvenida. Cuantos más seamos trabajando por un bien común, mejor. Cuantas más miradas, capacidades y alianzas pongamos al servicio del territorio, más posibilidades tendremos de avanzar.
No nos sobran motivos para dividirnos. Al contrario, nos faltan espacios para encontrarnos, agruparnos y colaborar. Somos pocos. El reto demográfico ha perdido presencia en la agenda política y mediática. Además, programas como LEADER y otras iniciativas de desarrollo rural están siendo objeto de debate y valoración en toda Europa.
En este contexto, quizá no sea el mejor momento para enfrentarnos entre nosotros. Mucho menos para poner trabas a quienes intentan aportar su conocimiento, su tiempo y sus ganas para hacer bien su trabajo.
El medio rural no necesita menos manos. Necesita más compromiso, más cooperación y más generosidad. Porque aquí, si algo hemos aprendido, es que nadie salva un territorio en solitario. Y que, cuando se trata de cuidar nuestros pueblos, cuantos más seamos, más lejos podremos llegar.
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