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Blog de cocreanet

artículo propios de vivencias y conceptos sobre INTELIGENCIA TERRITORIAL E INNOVACIÓN APLICADA

El Vacío como Recurso: Cómo usar lo que “no hay” para innovar

Demasiadas veces hablamos de lo que falta. Especialmente en el entorno rural: población, servicios, empleo, infraestructuras… Pero ¿y si dejáramos de ver esas ausencias como carencias y empezáramos a verlas como recursos para el desarrollo territorial? Esta entrada propone un giro de mirada: innovar desde el vacío.

 

Es humano construir nuestros relatos desde el discurso del déficit. Es precisamente lo que llevo escuchando desde que decidí trasladar mi vida al medio rural: “no hay gente”, “no hay oportunidades”, “no hay servicios”…

Tal vez porque sigo sumergida en mi luna de miel particular, me resisto a dejarme vencer por la escasez. En 2020, antes de dejar la ciudad, hice un máster y me certifiqué en Organizaciones Exponenciales (ExO). La idea central es buscar la innovación a partir de la abundancia. Viene a ser algo así (simplifico muchísimo) como apoyar tu negocio en un recurso abundante y escalar a partir de ahí mucho más de lo esperado. Es lo que hizo sin ir más lejos Airbnb, cuando se apoyó en la abundancia de viviendas (sin convertirlo por supuesto en un activo propio) para generar un negocio replicable y escalable.

 

vacío recurso innovación desarrollo territorial

Imagen creada para esta entrada por IA (DALL-E)

 

Vuelvo.

La idea de la abundancia me pareció entonces y me parece ahora fascinante, porque en muchas ocasiones se trata simplemente de un cambio en la mirada. La narrativa condiciona sin duda la imaginación: desde la perspectiva de la escasez nada se puede hacer hasta que todo eso que falta se resuelva. Mi pregunta es: ¿y si ese supuesto “vacío” fuera precisamente el recurso abundante desde el que empezar a crear?
El medio rural no está vacío. Está lleno de espacio, de silencio, de posibilidad, de tiempo no explotado. Y todo esto también es un recurso.

 

La abundancia de recursos en el medio rural

 

Por ejemplo, los edificios que parecen vacíos y que en realidad son contenedores de memoria e identidad. Hay abundancia de nuevos posibles usos: laboratorios creativos, coworking, centros de innovación… Ya hemos explorado en este blog, y en proyecto reales como la Harinera de Allo, este camino de innovación.

Frente a la prisa de las ciudades (todavía hoy me sorprendo acelerando mi paso cada vez que vuelvo de visita a Madrid, mimetizándome con el entorno), el medio rural ofrece definitivamente ritmos más humanos. La pausa – que no la inactividad – es ideal para los procesos creativos, de aprendizaje profundo. Podemos aprovechar la abundancia de tiempo lento para innovar, para investigar, para la creación artística, etc.

¿Y qué me decís del silencio y el paisaje? Desde mi cercana Sierra de Pela hay lugares donde mirar y perder la mirada en un supuesto “vacío paisajístico” que no es tal. Lugares donde observar, escuchar (el silencio) y dejar que la contemplación sirva como motor de inspiración. Se habla mucho del ruido sonoro, pero muy poco del “ruido visual”: como aquel tampoco es idóneo para crear porque sobre estimula. La innovación y la creatividad necesitan silencios.

Pero quizá la abundancia más absoluta es la posibilidad de experimentar e innovar con nuevas formas de comunidad. ¿Hay poca gente? Sí, pero eso nos abre un espacio para probar con nuevas formas de participación, de colaboración, de personalización también.

Cualquiera de estos recursos por sí solo es abundante, pero si los unimos el resultado es espectacular. La innovación es ExO en el rural cuando pensamos en la cantidad de residencias artísticas que podemos activar en los pueblos, los espacios y edificios que podemos resignificar a través de la participación comunitaria, o los laboratorios que podemos llenar de ideas de cualquier disciplina (agro, forestal, arte, oficios…).

Un mapa de recursos

 

El punto de partida de cualquier proyecto de innovación territorial es elaborar un mapa de recursos. Es habitual pensar en recursos tangibles. La propuesta es empezar a mapear también “vacíos”: espacios sin uso, tiempos disponibles, saberes latentes…

Es hacer hablar a los supuestos “vacíos”, hacer que también cuenten. La escucha profunda del territorio no desde el déficit, sino desde la posibilidad. Pensar que lo más potente no es lo que está o lo que falta, sino lo que aún no existe y vamos a descubrir.

Innovar en el rural no es rellenar huecos al estilo urbano. Es aceptar que los huecos existen, que el silencio forma parte de la vida, y que el vacío puede ser un punto de partida. Solo cuando dejemos de lamentar lo que no hay, empezaremos a imaginar lo que podría ser.

 

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Escrito por Marina Fernandez Arroyo

Desde siempre aspiré a hacer de este un mundo mejor, más justo, más igualitario. Desde COCREANET, la empresa de la que soy socia y fundadora, aterrizo mi propósito en proyectos de innovación, empresarial, social y, ahora también, rural. Un compromiso con las personas y con la sociedad.

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