Como cada verano, toca cerrar el curso con una mirada serena al camino recorrido. Este año lo hacemos con más ilusión que nunca y una reflexión necesaria sobre los prejuicios que aún pesan sobre el medio rural. Porque no se puede innovar sin dignidad, ni construir sin respeto.
Hay momentos del año en los que una necesita parar. Detenerse un poco, hacer balance, respirar. El verano tiene ese poder. No importa lo intensa que haya sido la actividad —y vaya si lo ha sido este curso—, siempre llega de nuevo el verano. Y es ahí, en ese momento, donde solemos escribir en este blog una entrada algo distinta. Acaso más íntima, más reflexiva también.
Este año ha sido muy especial para COCREANET. Hemos sembrado mucho: proyectos en marcha que nos han llenado de aprendizaje, retos compartidos con personas y territorios que nos han confiado su mirada, y una nueva estrategia —la de la inteligencia territorial — que empieza a abrirse paso con fuerza. Como tantas veces desde que existimos, hace más de 10 años ya, estamos en ese momento vibrante en el que algo se está transformando por dentro.
No faltan tampoco las anécdotas que nos recuerdan que el camino no está libre de piedras. Todavía tenemos que escuchar comentarios que duelen, que dicen más de quienes los hacen que del contenido en sí. Como cuando escuchamos hablar de “la gente de los pueblos” de forma condescendiente, como si aún viviéramos anclados en otro tiempo. Como si el medio rural fuera una especie de reducto atrasado al que sólo se acude para descansar del mundo “de verdad”.
No es la primera vez ni será la última que topemos con los prejuicios y la inmensa ignorancia que arrastran. Pero hay veces que a una le pilla cansada. Y quizás por eso hacen todavía más daño. Porque detrás de esas palabras, aparentemente inocentes, hay un pensamiento transversal que nos separa de toda nuestra gente de antes: el de creer que lo urbano es progreso y lo rural es carencia. Y esa es una idea no solo injusta, sino profundamente equivocada.
Porque en estos años hemos aprendido mucho de los pueblos. Hemos aprendido que aquí se innova, y mucho. Que no hay espacio ni tiempo para el postureo, tan habitual en aquel otro entorno en el que vivíamos antes. Que hay inteligencia colectiva, creatividad, compromiso. Que hay jóvenes que apuestan por cambiar las cosas, mayores que sostienen los vínculos con sabiduría, nuevas formas de hacer comunidad. Que lo rural no es el pasado, sino un presente vivo que merece ser respetado y escuchado.
No me cabe duda de que el próximo curso será especial para nosotros. Esta nueva etapa que consolida aquello a lo que nos venimos dedicando desde hace ya varios años, la innovación social y la innovación rural, la inteligencia territorial, que conecta plenamente con lo que sentimos en nuestro interior, nos ilusiona profundamente.
Porque queremos seguir acompañando territorios, sí, pero también porque queremos seguir abriendo ojos. Que nadie se crea con el derecho de mirar por encima del hombro a lo rural. Que nadie lo juzgue sin conocerlo.
Así que esta entrada es un deseo de felicidad para el verano, el tiempo de la felicidad por excelencia, pero también una invitación: abramos los ojos, desmontemos los prejuicios, dejemos que el verano nos vacíe de ruido para volver con más verdad. COCREANET no se detiene, solo toma impulso.
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Desde siempre aspiré a hacer de este un mundo mejor, más justo, más igualitario. Desde COCREANET, la empresa de la que soy socia y fundadora, aterrizo mi propósito en proyectos de innovación, empresarial, social y, ahora también, rural. Un compromiso con las personas y con la sociedad.







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