El verano nos deja la imagen devastadora de nuestros montes en llamas. Pero el fuego no es solo consecuencia de las condiciones climáticas, sino de un sistema que abandona al 85% del territorio. Podemos decir que el modelo territorial está en llamas y la innovación social y rural debe ser la chispa de un nuevo comienzo.
Hace ya años escribimos en este blog sobre la metáfora de la plataforma en llamas: ese momento en el que una organización no tiene otra opción que cambiar porque el modelo vigente ha llegado a su límite. Hoy, esa imagen nos vuelve con más fuerza que nunca. Pero esta vez no hablamos de una empresa, sino del modelo territorial sobre el que se asienta nuestro país.
El modelo en llamas. Literalmente.
Este verano, como tantos otros aunque con más virulencia que los precedentes, los incendios han arrasado miles de hectáreas en España: montes calcinados, biodiversidad perdida, patrimonio histórico volatilizado, pueblos enteros evacuados, vidas quebradas. Pero seguimos tratando los fuegos como emergencias aisladas. ¿Y si son la señal de algo más profundo?
Nos hemos acostumbrado a pensar que el progreso se concentra en las ciudades. Que el campo es algo que quedó atrás. Que la vida urbana es sinónimo de éxito. Y con esa lógica hemos construido un sistema que abandona el 85% del territorio para amontonarlo todo en torno a unas pocas urbes.
Ese modelo, supuestamente funcional, es insostenible. Y está en llamas.
Un problema sistémico
Porque cuando los pueblos se vacían, también se vacían los cortafuegos naturales: el ganado que limpiaba el monte, los vecinos y vecinas que se calentaban con leña, los cultivos que alternaban con las masas forestales más cerradas, los agricultores que gestionaban el paisaje con conocimiento acumulado durante generaciones… No hay prevención sin vida rural.
Y, sin embargo, seguimos respondiendo exclusivamente con medidas paliativas (medios de extinción, brigadas de bomberos, cortafuegos construidos a la carrera…), pero sin cuestionar el sistema que provoca el problema. Sin preguntarnos qué tiene que cambiar de raíz. ¿Qué pasaría si en lugar de apagar fuegos empezáramos a redibujar el mapa desde la inteligencia territorial?
Innovación social y rural como antídoto
Desde COCREANET creemos que el territorio no es un espacio vacío que deba ser gestionado desde lejos (léase, los núcleos de poder ubicados en las urbes). Es un ecosistema vivo que necesita ser comprendido, habitado, cuidado y activado. Y esa activación solo es posible si cambiamos el foco: de la centralización a la diversidad, de la solución rápida a la prevención sistémica, de la urgencia a la estrategia.
Los incendios no son un problema forestal. Son un síntoma. Son la prueba visible de un modelo que ha colapsado, aunque aún nos cueste admitirlo.
Por eso creemos que ha llegado la hora de dar el salto. De atrevernos a construir otra forma de habitar el territorio. Con innovación social y rural. Con inteligencia. Con personas.
Porque si el modelo está en llamas, la transformación no puede esperar.
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Desde siempre aspiré a hacer de este un mundo mejor, más justo, más igualitario. Desde COCREANET, la empresa de la que soy socia y fundadora, aterrizo mi propósito en proyectos de innovación, empresarial, social y, ahora también, rural. Un compromiso con las personas y con la sociedad.







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