Problemas complejos contra problemas complicados

Entender bien dónde aplica o no la innovación, entender qué es un problema complejo y otro complicado, supone entender cuáles son los criterios para afrontar cada uno de ellos y darles respuesta lo mejor posible.

Cuando se habla con distintos equipos relacionados con la innovación, sobre todo, cuando tienen un determinado perfil muy tecnológico, se confunde la innovación con la solución tecnológica, cuando, siempre bajo nuestro prisma, se debe entender muy bien el problema que se va a resolver, siendo la tecnología el medio por el que se puede resolver. Por este motivo, entender que la tecnología “per se” no aporta valor sino cuando se aplica a un reto y lo resuelve de forma adecuada para los intereses de los involucrados.

Problemas complejos complicados

Banco de imágenes de Pixabay, Geometría y Matematicas via geralt

Un problema complicado no requiere de innovación, mientras que un problema complejo requiere un esfuerzo innovador.

Por eso, lo primero es entender la diferencia entre un problema complicado y un problema complejo. Montar un sistema de información o un nuevo proceso industrial, con gran cantidad de carga tecnológica, con una necesidad de conocimiento científico y un reto tecnológico, se puede definir como un problema complicado. Un problema complejo es algo distinto. Este último tipo se refiere a un reto en el cual, no hay una solución única, distintos enfoques y no hay una solución que resuelva de forma inequívoca el problema.

Mientras que, en el caso de un problema complicado, se puede enfocar de una forma mucho más predictiva (se sabe hasta dónde puede resolver una tecnología) y el coste y el tiempo, si lo es por un experto, la orientación no será muy desencaminada. Podrá suceder que surjan algunos de los acostumbrados retrasos, por aspectos no controlados, pero el resultado final es algo esperado.

Para entenderlo, nada mejor que un ejemplo. Construir las torres de la Sagrada Familia de Barcelona es un problema complicado. ¿Por qué? Sabiendo el resultado esperado, requiere de un montón de expertos profesionales para conseguir la materia prima, transportarla, pulirla a los requerimientos, volverla a transportar y colocarla exactamente en su sitio, con una precisión milimétrica. Nadie puede dudar de que es un auténtico reto tecnológico, pero no hay ningún aspecto que no pueda ser controlada por la parte científica o técnica. El material puede tener una beta, algún punto más débil, pero el resultado es el esperado.

Entender y resolver el problema complejo puede ser la primera parte para afrontar un problema complicado.

Si se ha entendido el problema complicado, el problema complejo es la base de la innovación, ya que, en principio, ninguna solución técnica consigue resolver el reto. Al afrontar un reto, entender bien la posición de los actores involucrados, empatizar con sus anhelos o sus miedos, con el problema que está sufriendo cada uno de los actores es la base principal para idear una solución. En este punto, dar respuesta al lanzamiento de un nuevo producto o servicio, tomar una decisión sobre el nuevo posicionamiento de un competidor o incluso, el lanzamiento internacional de nuestras soluciones en un nuevo mercado, son los típicos ejemplos que se puede encontrar como esta tipología de problema.

Para dar respuesta a este tipo de soluciones, metodologías basadas en enfoques adaptativos nos dan una pauta general de comportamiento, ya que propuestas como pensamiento de diseño o Design Thinking, pensamiento sistémico o System Thinking nos pueden aportar enfoques y propuestas capaces de recoger palancas a dar respuesta a las necesidades planteadas para afrontar el reto.

Una vez entendido esta diferencia fundamental como propuesta de resolución, siempre es bueno identificar el alcance de los problemas a los que nos enfrentamos y dar respuesta a la situación planteada, de tal forma que seamos capaces de afrontar el problema de la forma adecuada. Tener la llave para cada puerta que nos encontremos será la base del éxito en el avance.

 

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