Otra vez la incertidumbre

Hace dos años recibimos en nuestras propias carnes la mejor de las lecciones sobre incertidumbre. Hoy, como si nada hubiéramos aprendido, volvemos a suspender el examen.

Escribo este post desde el más absoluto desasosiego. Otra vez la incertidumbre. Otra vez la búsqueda de respuestas sin llegar a encontrar nada que alivie su malestar. Otra vez el destino se empeña en que entienda que la predictibilidad, de la que tanto huyo cuando ayudamos a construir nuevos negocios, no es posible tampoco en las cosas de la vida.

incertidumbre retos complejos

Banco de imágenes de Pixabay, Future de Santiago Lacarta

Hace muy pocos días, en una sesión de cocreación con un grupo de personas jóvenes, percibía la incomprensión, en algunas de las expresiones que veía, cuando les contaba que no teníamos un plan, que no sabíamos a dónde llegaríamos, que lo único que teníamos era un faro y una hoja de ruta, en forma de metodología probada, para buscar nuevas soluciones a retos complejos.

Nosotros somos ingenieros de formación, ¿qué nos pueden decir de la planificación? Nos capacitaron para diseñar un sistema de principio a fin, contemplando incluso los posibles riesgos con acciones preventivas destinadas a evitarlos. Todo bajo control.

¿Todo bajo control? Si se trata de construir un puente, desde luego que sí (o eso tendría que ser), o un edificio, o una compleja maquinaria de operación en una fábrica. Pero ¡ay! cuando se trata de buscar soluciones a los problemas con componente humano, o sea casi todos.

Nuestros chicos y chicas del otro día están intentando idear soluciones a problemas que tienen que ver con el mundo rural, con el abandono de nuestros pueblos, con la desigualdad de una ciudadanía respecto de otra… y esto no es ningún puente. Aquí hay personas, intereses, emociones, filias y fobias…  Por eso son problemas complejos (wicked problems los llaman en la lengua inglesa).

Pero, además, para añadirle más salsa, las personas no es sólo que seamos absolutamente impredecibles, es que también somos cambiantes. Vaya, que la imprevisión nos coge a todos con el pie cambiado, incluidos a nosotros mismos. Por tanto, trabajar en un contexto así es trabajar en la más pura incertidumbre, es diseñar sabiendo que lo que hoy es de esta forma mañana puede no serlo y tu solución tiene que ser adaptable.

A nivel emocional, me consta que hay quienes surfean en la incertidumbre, pero los hay (me incluyo) que no nos conformamos con saber nadar, necesitamos dominar las olas para sentirnos seguros. Nada más absurdo. Así que para nosotros, ingenieros de corazón, la incertidumbre es la forma más salvaje de enfrentarnos a nuestras circunstancias.

En nuestras pequeñas vidas, desde hace unos días, un gran, enorme, problema complejo ha irrumpido nuevamente. Tal como pasó 2 años atrás, la incertidumbre, convertida en la única atmósfera que se respira, vuelve a recordarnos que no hay predicciones ni siquiera para lo más inmediato. Que cuando las personas entran en juego, el futuro es volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA).

En estas circunstancias, la única respuesta que seguro nadie discutiría es: “no lo sé”.

 

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