La innovación duele, el cambio duele

La innovación no es un camino de rosas para los negocios de la economía real. Pero no es una opción. Ante los cambios del mercado y del entorno sólo se puede responder cambiando. Nuestro trabajo es dar guía en ese tránsito.

Andrea llevaba tiempo intuyendo que algo no iba bien en su negocio. Trabajaba cada vez más horas y sin embargo los resultados no reflejaban su esfuerzo. Ya no solo era una cuestión de dinero, que también, sino de tranquilidad, de cierta garantía de lo que podía esperar en el futuro a corto y medio plazo. Se sentía cada vez más insegura. A todo ello no contribuían las sensaciones que iba experimentando hacia Samuel, su socio. No sabía exactamente cuándo ni por qué pero la confianza se había quebrado.

Manuel se vio de un día para otro con una empresa en sus manos. La vida de unas cuantas familias, la suya incluida, pesaba sobre sus espaldas y ni siquiera estaba seguro de poder continuar la obra que había permitido el éxito en las décadas anteriores. El mundo cambia y él se había educado para un entorno de mercado que intuía que nunca volvería a ser el mismo. Pero tampoco quería dejar a nadie atrás, ni a sus proveedores, ni a sus clientes, ni mucho menos a sus colaboradores, con los que él mismo había crecido a la sombra de su padre.

La sombra del padre es alargada también para Esther, incluso la de Roberto, su hermano del alma. Esther ve cosas, intuye, pero no goza de demasiado crédito por parte de los hombres de su familia. Le han relegado a un papel más bien secundario y lo sabe, pero desde ahí, desde el pequeño rincón de la empresa familiar, está dispuesta a impulsar un cambio, aunque no sabe bien en qué dirección.

Sara es muy joven, apenas está empezando a vivir y se siente entusiasmada con su proyecto de negocio. Pero cada paso que tiene que dar le pesa como una mochila de piedras; a fin de cuentas no tiene tradición empresarial familiar y no puede estar segura si lo que hace está bien o mal, si conduce o no a resultados.

Como le pesa a Víctor cada uno de los días en que se levanta para acudir a su trabajo, un negocio por el que ha dado todo pero que le ha dejado vacío. Él también acarrea la responsabilidad de un buen puñado de colaboradores a lo que pagar la nómina todos los meses. Percibe que es necesario tomar una nueva dirección pero no tiene fuerza ni ganas de pensar en ello.

Todos ellos y ellas son personas reales a las que les hemos cambiado el nombre y algunos datos para preservar la confidencialidad. Veamos lo que tienen en común:

  • Intuición de cambio inminente. Perciben la necesidad de impulsar un cambio urgente en sus empresas. La intuición es algo muy poderoso, y todas estas personas ya demostraron en el pasado que esa intuición les condujo en la dirección adecuada, por eso confían en ella.
  • Desconfianza en sus propias posibilidades. Personales y/o empresariales. Lo que funcionó en el pasado no les ofrece la garantía suficiente para proyectarse hacia el futuro. Inseguridad para poder concluir si realmente disponen de todo lo que necesitan o acaso se les esté escapando algo.
  • Desorientación sobre qué camino tomar. Una cosa es intuir la necesidad de cambio y otra muy distinta saber qué dirección tomar. A veces faltan recursos y otra veces no se les sabe sacar el máximo provecho, pero esto es algo que no saben discernir en estos momentos de máxima incertidumbre.

La innovación no se viste de glamour en las empresas reales. Los empresarios/as y los emprendedores/as no pueden ir a comprar innovación como quien compra una pócima mágica. La innovación no es un paquete de software en la nube al que te puedas suscribir.

La innovación es un sentimiento que empieza como una intuición, apenas percibida. Que va tomando forma de nebulosa, angustiosa en algunos casos. Que va sembrando de inseguridad cada una de las actividades que antes eran hábitos. Que finalmente te coloca ante un territorio inexplorado para el que nadie te ofreció un mapa.

La innovación es catarsis. Y justo ahí, en ese punto, es donde estamos nosotros, donde tomamos la mano de estos grandes profesionales para ayudarles a conducirse. Acompañando la aventura de la innovación. Nadie dijo que fuese fácil pero la intuición nos indica que es imprescindible.

 

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