La inteligencia territorial puede servir como herramienta para identificar y poner en valor esos recursos y tradiciones locales que se pueden resignificar desde la innovación retroprogresiva.
Demasiadas veces las soluciones para los retos sociales, tanto rurales como urbanos, se diseñan desde fuera, sin tener en cuenta las realidades y los recursos locales. Se da por hecho que lo que hay ahí no vale nada. Un camino bastante directo al fracaso.

Foto propia. Sesión de cocreación celebrada en Caleruega (enero 2025)
Sin embargo, algunas de las mejores soluciones no nacen de romper con el pasado, sino de mirar atrás con una nueva perspectiva. La innovación retroprogresiva, ya lo hemos contado en otras entradas de este blog, nos invita a rescatar tradiciones, saberes y recursos que ya existen y adaptarlos a los desafíos del presente.
Rescatar el pasado para construir el futuro
Esto implica que necesitamos bucear, antes que nada, en ese sustrato de conocimiento intrínseco que tienen todas las comunidades. La inteligencia territorial es la herramienta que utilizamos en un determinado contexto geográfico y social para identificar esos recursos y utilizarlos de forma estratégica, maximizando su impacto.
En una dinámica reciente con personas del entorno rural, ellos y ellas mismas se sorprendieron de la cantidad de recursos de que disponen: patrimonio arquitectónico, ritos y costumbres tradicionales, saberes agrícolas, gastronomía… Muchas de estas prácticas se están perdiendo y, sin embargo, bien adaptadas, pueden responder a retos actuales. Esta es la visión de la innovación retroprogresiva.
Recopilar todo ese conocimiento, clasificarlo, sintetizarlo y mapearlo es la clave para poder hacer uso de él. Y esta es la inteligencia territorial. A través de datos, mapas y análisis participativo, podemos identificar oportunidades que pasen desapercibidas a simple vista y diseñar soluciones estratégicas que tengan impacto real y sostenible.
Ejemplos en marcha
En realidad, se trata del punto de partida para la innovación retroprogresiva. Al entender a fondo un territorio, podemos identificar aquellas prácticas del pasado que tienen el potencial de ser resignificadas y adaptadas al presente.
Por ejemplo, un análisis territorial puede revelar la existencia de antiguas infraestructuras de riego que, con pequeñas adaptaciones, podrían ser claves para la agricultura sostenible en el futuro. Lo mismo pasa con la rehabilitación de edificios históricos para nuevos usos, con la utilización de materiales de construcción locales para viviendas sostenibles, incluso con las energías renovables basadas en recursos del entorno como la biomasa.
El futuro de la innovación no está en romper con el pasado, sino en aprender de él.
¿Qué tradiciones, saberes o recursos del pasado podrías rescatar en tu comunidad hoy para transformarla?
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Desde siempre aspiré a hacer de este un mundo mejor, más justo, más igualitario. Desde COCREANET, la empresa de la que soy socia y fundadora, aterrizo mi propósito en proyectos de innovación, empresarial, social y, ahora también, rural. Un compromiso con las personas y con la sociedad.






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