Yo estoy aquí para forrarme

Todos los emprendedores, como las empresas, tenemos un propósito. La diferencia la hacen las personas, porque no cabe duda de que el propósito de la empresa está absolutamente alineado con el propósito vital de sus fundadores.

 

“Yo estoy aquí para forrarme”. No es la primera vez que escuchas algo parecido a esto, ¿verdad? Nosotros, tampoco. Por desgracia hemos despedido amablemente a unos cuantos que han llegado pidiendo ayuda para tan alto objetivo. Incluso, lo oí una vez de boca de un famoso ex ministro de este país. Ya ves, de aprendices de rico está el mundo lleno.

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Te preguntarás si hay algo malo en ello y, bueno, en un sentido estricto, realmente no, allá cada cual con sus aspiraciones. Lo malo es que siempre que oigo algo así y miro a quién pertenece esa voz suelo encontrarme con alguien con quien no comparto más que el aire que respiramos en ese momento.

Recuerdo una ocasión, en un centro de negocios en el que trabajábamos, el CEO de una de las startups que habitaban ese mismo espacio, aprovechó nuestra espera común en la fotocopiadora para contarme cuál era su propósito como emprendedor: hacerse rico. Es curioso que justamente, por lo poco que conocía hasta entonces a la persona, no me parecía que precisamente fuese alguien que viviese con dificultades, más bien al contrario. Pero ya se sabe que el deseo puede ser infinito.

A lo que iba. El personaje – sin acritud – me era, hasta aquel día, de todo menos simpático. Imagínate. Era uno de esos tipos que cuando llegaba a la oficina todo el mundo se enteraba, por las voces que daba, el poco respeto que demostraba, las risotadas, los gritos… Si te lo encontrabas en los pasillos o en el office, apenas si daba los buenos días. Y, por supuesto, traspasada la puerta de la calle, en el ascensor, o en el bar de enfrente, no se molestaba ni en mirarte. Así es que cuando me contó su objetivo emprendedor vital no pude sorprenderme, sesgo de confirmación (o prejuicio confirmado, que suena peor pero queda más claro).

En otra ocasión, nos encontramos con dos emprendedores que nos habían pedido cita porque necesitaban asesoramiento para poner en marcha su idea de negocio. La reunión duró lo que tardamos en preguntarles cuál era su propósito. Imagina la respuesta.

Hace pocas horas estuvimos con una emprendedora que está lanzando un proyecto vital. Que se trate de un auto empleo no le resta ni un ápice de validez a su idea, absolutamente necesaria para un segmento de cliente que ya tiene identificado. Lo de menos es cuánto dinero va a ganar con ello.

Trabajamos a diario con muchos emprendedores como ella. Algunos se plantean un proyecto de economía social, otros ni siquiera saben cómo llamarlo. Se trata de cumplir un propósito que trasciende la banalidad de la cuenta bancaria. Entre ellos hay startups absolutamente escalables, exponenciales podríamos decir, proyectos científico – técnicos de alto nivel, propuestas de carácter social pensadas para colectivos vulnerables, iniciativas del entorno agro, forestal, alimentario… Pero todos tienen algo en común: no viven del aire. Un proyecto de empresa tiene que ser sostenible o no será. Pero de ahí a forrarse como único objetivo hay un abismo.

Algunos de nuestros emprendedores se forrarán, qué duda cabe, por lo innovador de su idea y la oportunidad de mercado descubierta. Pero nunca dirán que están en esto para forrarse. Eso no les importa lo más mínimo. Para todos ellos son para los que nos levantamos cada mañana. Porque sabemos que podemos aportar nuestro granito de arena a una causa, que es la suya, superior a nosotros mismos y a nuestras pequeñas economías domésticas.

A todos los demás, a esas otros cuyo esquema mental intercambia, respecto del nuestro, el fin y los medios, que les vaya bonito. Pero que no acudan a nosotros. Nosotros somos una empresa con valores, esos que justamente nos representan como personas.

 

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