Aterrizar la innovación a lo cotidiano

Cómo aterrizar la innovación a lo cotidiano para que cualquier empresario o directivo pueda iniciarse en el camino sin sentir que está haciendo algo estratosférico.”

Para los que vivimos de la consultoría, rodeados a veces de la “burbuja de la disciplina” (me acabo de inventar el concepto, vendría a ser algo así como la irrealidad de creer a pies juntillas lo que cuentan en los libros de la materia que sea: de innovación, en este caso), nos resulta complicado llevar nuestra ciencia a lo cotidiano, pero de eso se trata precisamente si queremos serles útiles a nuestros clientes.

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Banco de imágenes de Pixabay, by AnthonyArnaud

Hablamos de innovación con colegas, asistentes a charlas, inversores, startups y también con empresarios y directivos. Los más avezados, manejan con soltura algunos términos que además de cool son interesantes como ejercicio reflexivo: disrupción, exponencialidad, abundancia, open Innovation, Corporate Venturing… pero acaso estas conversaciones nos alejan definitivamente de la posibilidad de aterrizar la innovación a lo puramente cotidiano.

Lo puramente cotidiano es la realidad en la que viven la gran mayoría de empresarios y directivos de este país (supongo que también de otros); una realidad que busca sobrevivir -crecer, incluso – en un mercado difícil, con competidores duros y con clientes cada vez más exigentes. ¿Cómo llevar nuestras teorías a esa realidad para impactarla beneficiosamente? Ese y no otro debería ser el objetivo real de la innovación: aterrizarla en lo cotidiano.

Pensemos en un directivo de una empresa mediana (pongamos, 150 trabajadores), que opera en un entorno industrial y muy maduro (una manufactura de productos alimenticios, por ejemplo), con un cierto posicionamiento en el mercado (logrado a base de años de permanencia y buen hacer) pero, como es lógico, rodeado de competidores muy similares a él. ¿Esto de la innovación va con él? (en realidad, no se atrevería a hacer la pregunta pero flota en el ambiente el escepticismo cuando nos ponemos académicos).

Aterrizar la innovación en este caso concreto podría ser tan sencillo (sencillo de contar y de entender, menos de ejecutar) como preguntar a los trabajadores qué es aquello que echan en falta en su día a día (a nivel de proceso, de gestión de clientes, de proveedores…) e intentar encontrar una solución a esa necesidad con la ayuda de colaboradores externos que ya hayan puesto en marcha alguna solución similar en otro contexto (por ejemplo, una startup que ya dispone de la tecnología para resolver problemas parecidos).

Se trataría entonces de poner en marcha un pequeño proyecto para probar cómo la solución que proponen los externos realmente encaja en la necesidad de la primera empresa. Una prueba controlada, piloto, donde se fijasen los límites tanto en el consumo de recursos (dinero, tiempo, personas involucradas) como en el alcance del impacto (definir el entorno de pruebas). En función del resultado (siempre, un aprendizaje valioso), se podrían tomar decisiones informadas: continuar con las pruebas, abandonar definitivamente la idea, buscar otra solución alternativa, etc.

Si alguien está buscando una innovación disruptiva que cambie las reglas del mercado donde opera la empresa, diría que abandone su búsqueda (es muy difícil, por no decir imposible, que lleguemos a encontrar de esta forma una disrupción), pero lo que sí encontrará seguro es una mejora incremental que impactará positivamente en su negocio: llegará a más clientes y/o de mejor manera, reducirá tiempos en proceso (ser más “lean”), gestionará mejor los pedidos, tendrá un mayor control sobre los proveedores… Y, si todo eso o alguno no se encontrase en la primera prueba, al menos habrá conseguido que sus empleados estén más contentos, en la medida que sienten que su voz se escucha.

Todos estos son, entre otros, los beneficios de la innovación. El propósito, que es estratégico, de un empresario de iniciarse en el camino de la innovación pasa necesariamente por hacérsela “digerible”, que vea de una manera clara cómo le atañe a él, aterrizarla en lo cotidiano, en definitiva.

 

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