Fantasmas de innovación. Así es como algunas fundaciones hacen sus informes de buenas prácticas

Esta entrada no es, ni más ni menos, que una versión resumida de una historia que, por triste y por real, sucede en algunas ocasiones y que nos da una idea de cómo se trabaja en grandes think-tanks o fundaciones con colaboraciones de grandes gurús que luego aparecen como participantes.

Os voy a contar una historia, que, por triste, no deja de ser real en el mundo de la innovación, aunque imagino que será en otros campos iguales. Hay fundaciones con buenos valores y patronos, con buenos responsables y con algunos grandes trabajadores rodeados de personas con ganas de figurar o alardear, pero con poco trabajo y ninguna visión de lo que realmente supone, como este caso, la innovación. Se les presupone conocimiento a algunos, pero suele ser más bien ganas de tener un sitio o de ponerse estrellitas sin ningún impacto positivo real o con nulas ganas de ponerlo en práctica, sin que tenga como objetivo nada más que fomentar su ego personal.

Fantasmas informes innovación

Banco de imágenes de Pexels, by Maksim Goncharenok

Pues esta historia sucede cuando trabajas en un determinado campo, expertise o circunstancias donde desarrollas tu trabajo, lo mejor posible y de la mejor manera. Llegan entonces algunas fundaciones, o quizá alguno de sus asociados, escuchan campanas y creen que pueden sacar rédito personal. De esta manera, localizan a alguien con un buen trabajo dentro de su campo de conocimiento y expertise, profesionales que por distintas circunstancias han trabajado y desarrollado proyectos, algunos incluso a nivel de colaboración, codo con codo, generando un impacto positivo y con ganas de aplicar la innovación como se debe, para hacer la vida a las personas.

”Sé un montón de tu tema, pero no sé por dónde empezar…”

 

Lógicamente, por el presunto impacto o conocimiento sobre este tema, y con el mero objetivo de aportar, cuando se pone en contacto contigo la entidad y la persona que te conoce, te prestar a contar lo que sabes, lo que has vivido porque has estado en la arena. Lo muestras todo generosamente, desde el inicio, como lo has planteado, buenas prácticas, ejemplos, distintas propuestas y hasta tus contactos. No te importa el gasto de tiempo y de esfuerzo, tuyo y de tus contactos, todo sea por colaborar con una buena causa.

No es extraño que todo lo que les cuentes les interesa porque tú vienes de aplicar innovación, la de verdad, la de ejemplos, la que consigue llevar una startup de un pueblecito a ser una de las más relevantes no ya de tu comunidad sino de tu país; vienes de hacer posible que nuevas ideas surjan para dar respuesta a las necesidades de las personas (sí, a las reales, a las que hay que intentar hacer la vida mejor)… de las que al cabo del año, se llevan más de un 30% de tus horas para hacerlas posible y generan trabajo, repoblando pueblos y aldeas, y por supuesto, mejorando el medioambiente para que no vivamos en un mundo hecho de materiales rotos y en desuso.

Y llegó la hora de la verdad…

 

Cuando ya lo dices y lo cuentas todo, entonces llega la bueno. No solo no te dan ni las gracias por presentar los tuyos como sus propios ejemplos, que curiosamente, son en los que has puesto tus buenas prácticas, sino que cuando se presentan ante el mundo, ni una triste nota de reconocimiento. Ni las gracias por participar. Llega la hora de ponerlo bonito y es cuando los grandes gurús, que de estos temas que tú haces jamás se han arremangado porque “son de pequeño impacto” aparecen con sus títulos grandilocuentes para mostrar al mundo el trabajo que han recogido de tus buenas prácticas.

Decía mi abuelo que “engañar una vez es muy fácil, la segunda ya es que te gusta que te engañen” y por eso, como ya es la segunda, voy a parar de creer en los falsos profetas y en valores humanos. Seguiré buscando en estas fundaciones, de valores humanistas, pero sólo me centraré en las buenas personas que participen en ellas. Ayudaré, con mis proyectos de pequeño calibre (aunque curiosamente, sí quieren participar en ellos cuando los gestionamos ayudando a grandes empresas) a hacer que la innovación sea la base para cambiar el mundo, desde mi pueblo pequeño con el simple pensamiento de hacer la vida un poco mejor a las personas. Si, incluso a lo que tan poco lo merecen.

Se acabó la farándula o el intento a poder participar en ella. Las luces y los destellos para los “gurús” de “gran calibre”. Desde nuestro punto de vista, vale mucho más dar nuevas oportunidades a empresas consolidadas en sus proyectos de Corporate Venturing en colaboración con startups e investigadores.

Por cierto, ya esto en “mensaje privado”: cuando me pidáis esos ejemplos que denomináis de “pequeño calibre” y luego los uséis en beneficio propio al menos dadles a ellos las gracias por su tiempo. Mucho glamour, pero más bien, nula educación.

 

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