Innovación: confundir el fin con los medios

Hay conceptos que, de tanto usarlos, terminan por perder su esencia; la mayoría de las veces porque se ponen de moda y, a partir de ahí, empiezan a estar en boca de todo el mundo, no siempre de la forma más apropiada.

No somos demasiado ortodoxos en esta empresa – nos encantan las mezclas y la diversidad -, pero esto es más o menos lo que ha pasado con la innovación. No hay, hoy día, consultoría que se precie que no diga que hace innovación, escuela de formación que no cuente entre su catálogo con algún programa de innovación, firma que no diga en sus comunicación que ellos hacen innovación… La innovación se ha convertido en una especie de ungüento amarillo que con solo mencionarse ocurre como por arte de magia, el perejil de todas las salsas.

innovación confusión Design Thinking

Banco de imágenes de Pexels, by Burak Kebapci

A partir de aquí lo que toca es entrar a detalle: si alguien te dice que hace innovación hay que preguntar que qué es lo que hace exactamente y entonces empiezan las aclaraciones. La mayoría de las veces nos encontramos con una tremenda confusión entre las herramientas que le son útiles a la innovación y la innovación en sí misma, una confusión entre los medios y el fin.

Y es que la innovación es muy “molona” en parte porque se vale de herramientas que resultan divertidas. Por ejemplo, Design Thinking. Cualquier dinámica que utilice este enfoque se considera casi automáticamente innovación cuando no tiene porqué ser así ni de lejos. Es cierto que las herramientas más utilizadas en Design Thinking, como también el propio paradigma Design Thinking, suponen, normalmente, una ruptura con lo establecido tradicionalmente. Podríamos decir que se trata de herramientas o enfoques innovadores en ese sentido, pero el resultado o el objetivo incluso con el que se utilizan pueden no serlo en absoluto.

La innovación es estrategia y la estrategia se vale de distintas herramientas o medios para materializarse, pero la relación inversa no es necesariamente cierta. Es más, se puede hacer innovación utilizando herramientas clásicas – por ejemplo, el método del caso para hacer análisis de futuros -, como se puede utilizar Design Thinking para definir, pongamos por caso, un plan comercial, lo que no tiene mucho de innovador.

Hace unos días le ponía un ejemplo a un cliente: yo puedo saber manejar divinamente una sierra, lo cual no quiere decir que con ella haga mesas ni que sepa hacerlas. Confundir medios o herramientas con fines.

La cuestión no pasaría de ahí, de aclarar las dudas razonables – no todo el mundo tiene porqué saber de todo -, si no fuera porque hay mucho desaprensivo que se aprovecha de ella para vender lo que no es, perjudicando así no sólo al pobre incauto que ha confiado sino a todos los demás que nos esforzamos por ser éticos.

Me mostraba hace poco una amiga – colaboradora en algunas ocasiones de COCREANET – un programa de un curso de innovación directiva o algo parecido. Al ver el contenido nos reímos juntas porque esta reflexión ya la habíamos hecho en otras ocasiones y ahora lo teníamos ahí mismo, negro sobre blanco. En los objetivos del programa se decía que se trataba de cambiar la cultura de una empresa y de sus directivos para convertirla en innovadora. Suena bien. Pero en el desglose empezaban a aparecer cosas como qué es Design Thinking, las fases de exploración, ideación…, el prototipado y hasta Lean Startup, ahí es nada.

Cualquiera de estos contenidos es interesante per se, ni siquiera es que cuestionemos si tienen o no que aparecer en un programa de innovación directiva, es que si pensamos que un directivo o una empresa se va a convertir en innovadora porque se ponga a jugar con post-it, es que no hemos entendido nada de la innovación. Y lo peor es que quién tome la decisión de comprar el programa lo haga por todas estas cosas que suenan tan bien aunque no digan absolutamente nada. Alguien que se siente engañado o defraudado con un determinado tema estará mucho más reacio a escuchar en el futuro, cuanto menos te dirá que aquello no le vale para nada.

Así es que, hagamos todos los que estamos en esto, o decimos que estamos, un pequeño esfuerzo doble: primero, no vendamos innovación sólo porque está de moda; segundo, no confundamos el fin con los medios, llamemos a las cosas por su nombre. Y si el problema es que vendemos innovación sin saber lo que es, tal vez nos haga falta un curso de innovación directiva (pero de verdad).

 

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