Innovación sin tonterías

A fuerza de rodear la innovación de postureo, hemos conseguido que las empresas consolidadas no se sientan llamadas a innovar.

Desde que me dedico a la innovación, he tenido siempre la sensación de que nosotros íbamos por un lado, las startups y los emprendedores iban por otro, y las empresas consolidadas por otro distinto. No tiene sentido esta falta de entendimiento cuando la innovación casi no podría entenderse, al menos no de manera práctica, si no unimos todas las partes.

innovación empresas consolidadas

Banco de imágenes de Pixabay, by Jeaneves

Hablar de innovación en vacío es relativamente fácil. Hay tanta literatura, tanto post, tanto vídeo… que dedicando un tiempo razonable ya se pueden empezar a manejar con soltura los conceptos y seguir alimentando con la producción propia una disciplina tan atractiva.

Pero después de tantos años en esto, una empieza a estar un poco cansada de hablar de innovación, sobre todo cuando queda tanto por hacer en la práctica.

Anuncio algo: las empresas en España, por regla general, son cero innovadoras.

Sí, seguro que en este momento el lector estará pensando en un puñado de ejemplos que contradicen lo que acabo de afirmar. Incluso su propia compañía igual está entre ellos. Enhorabuena si es así.

Pero insisto: las empresas en España, como norma general, son cero innovadoras. Pero no tienen la culpa, aunque sí son responsables.

Y son cero innovadoras tal vez porque los que nos dedicamos a llevar la innovación a la práctica real hemos seguido alimentando la producción teórica y contando poco o nada de cómo aterriza todo eso en el día a día.

Por no hablar de emprendedores y startups, cuya conexión con las empresas es considerada una especie de “tributo a pagar” si quieren sobrevivir.

Innovar es tan necesario como respirar. Cualquier empresa, nosotros los primeros, si no innovamos morimos. La innovación es un movimiento de inercia. El mundo se mueve y, al moverse, provoca ondas expansivas, la respuesta a ese vaivén es la innovación. Un elemento estático, en ese contexto, se derrumbaría.

Pero a fuerza de hablar de innovación y de llenar de glamour (léase: post-it, eventos, croquetas, ponentes, garajes, laboratorios, máster…) la palabra, hemos terminado todos por perdernos.

Innovar es fluir con los tiempos, es adaptarse, es mejorar también, es evolucionar, es crecer, es sobrevivir. ¿Quién podría oponerse a ello? Nadie está tan loco.

Las empresas, todas sin excepción, las históricas, las familiares, las recientes, en cualquier sector, en cualquier mercado, si han llegado hasta aquí es porque han innovado. Todas tienen un conocimiento acumulado y unos activos que, bien aprovechados, son el caldo de cultivo para innovar.

La innovación no viene de fuera. La innovación es la receta que aplica la propia experiencia, los activos, el conocimiento, para seguir preparando el futuro. Aprovechar eso es hacer innovación. El resto pura tontería.

 

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