Entender la innovación desde la normalidad

Para entender qué es innovación no hace falta recurrir a palabras biensonantes o conceptos grandilocuentes, mejor es mirar para dentro, lo normal.

No hace mucho tiempo, una amiga y buena clienta, que nos conoce bien, nos preguntaba mientras compartíamos una comida: ¿cómo me definiríais vosotros qué es la innovación? Curiosa pregunta de alguien que, como nosotros, se dedica a la innovación, y que demuestra que el espíritu crítico, esa vocación maravillosa que nos hace crecer a las personas, está por encima de los convencionalismos sociales.

innovación normal

Plaza de los Cacharro de El Burgo de Osma, donde se exponen buena parte de las obras creadas por el proyecto “Pintamonos” (para más información: https://es-es.facebook.com/PintaMonosGaleriaUrbana/)

Agradecimos sinceramente la pregunta porque nos ayudó a nosotros también a poner palabras a lo que sentimos y experimentamos cada día: la innovación no es otra cosa que buscar soluciones nuevas a los retos de siempre. Así de sencillo.

Ella se sorprendió y no es extraño: a veces rodeamos los conceptos de tal halo de misterio y de glamour que los convertimos en inaccesibles para la mayoría de los mortales. Con esto de la innovación, ya hace algunos años, está pasando exactamente eso. Ya sea como sustantivo, como verbo o como adjetivo, colócale a algo la raíz “innova” y lo habrás elevado inmediatamente al status de la magia. Y ya sabemos: lo mágico es raro, incomprensible, inalcanzable, tremendamente caro y, por supuesto, insoportablemente elitista.

¿Quién puede decir que haya más innovación en la última “App” basada en inteligencia artificial para resolver complejos algoritmos predictivos que en el proyecto artístico de nuestros amigos de El Hueco Oxma para llevar la pintura a las calles del pueblo para disfrute de todos los vecinos? Sólo alguien que necesita convertir su trabajo en un misterio, probablemente para seguir viviendo – muy bien, por cierto – de ello.

Sucede con la innovación lo que toda la vida hemos pensado de la consultoría (y que conste que nosotros clasificaríamos en esta categoría nuestra actividad profesional, qué remedio): que a fuerza de misterio y talonario termina por ser algo incomprensible y ellos, los consultores, como poco chamanes de nueva era.

La innovación de verdad no necesita de grandes eventos, de luces y fuegos artificiales, de ponentes “star system”, de consultores que más parecen consejeros espirituales. La innovación de verdad se esconde en la creatividad y la capacidad humana de sobrevivir y adaptarse, y tan sólo necesita a veces de un apoyo externo que le de la confianza para creer en sí misma. Otra cosa es cuando toca convertir esas nuevas ideas en proyectos reales, tangibles, porque esa es también la innovación de verdad: la que aterriza en la realidad. Pero eso ya no es magia: es gestión de proyectos. Quizás sea ese el problema: que hablar de innovación puede ser más o menos fácil pero ay cuando se trata de “arremangarse”… claro que igual es que ya “hincar el lomo” no tiene glamour.

En definitiva, no nos cansaremos de repetirlo: innovar está al alcance de cualquiera (persona, empresa, organización…). Nosotros sólo ayudamos a que las ideas fluyan, a que crezcan después, y a convertirlas en un plan de trabajo viable, con un sistema que permita ir validándolas y rectificándolas o refinándolas según los resultados experimentales. Esto es ciencia, el resto pura palabrería.

 

 

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