Yo ando con borrico, ¿y tú? (una de prejuicios) (y también de postureo)

Se puede hacer consultoría de innovación al más alto nivel desde un pueblo de Soria. Postureo y prejuicios en el mismo cocktail. Y aquí estamos nosotros, tan frescos.

Me vais a dejar, queridos lectores, que os cuente hoy una anécdota (¿anécdota he dicho?) bueno, la verdad que es no sé si es anecdótico (veréis ahora por qué lo digo) pero al menos sí es personal y por ello pido disculpas de antemano.

innovación postureo

Banco de imágenes de Pixabay, by Kiwibu

Hacemos un alto en el camino de las cosas serias (estrategia, innovación, emprendimiento) de las que solemos hablar en este blog. Aunque bien mirado esta es una más de esas de postureo de las que también hemos comentado en unas cuantas ocasiones.

Los que nos seguís, ya sabéis que hace algún tiempo decidimos trasladar nuestros cuerpos – y mentes, mucho antes – a Soria. Desde aquí seguimos haciendo lo mismo que antes (en un entorno natural infinito más amigable, claro está), con nuestros clientes de siempre y unos cuantos incorporados (desde aquí, una y mil veces gracias a todos por la confianza), y con nuestro expertise.

Como es de imaginar, no vamos por ahí contando a diestro y siniestro nuestras vidas (aunque a poco que nos pinchen estamos encantados de relatar las maravillas, vistas desde los ojos de dos urbanitas, de esta nuevo mundo rural que habitamos).

En una conversación reciente con un potencial partner para un proyecto que estamos diseñando junto con un cliente de máxima confianza, nuestro interlocutor (que nade sabe de nuestra historia), daba por supuesto que tanto nosotros como aquellos con quienes nos relacionábamos estábamos en un punto de digitalización que yo situaría en los años 90 (siendo generosa) del siglo pasado. No contento con ello – ya podía al menos haber curioseado, que Google lo sabe todo -, nos explicaba que era difícil que pudiéramos encajar propuestas puesto que los precios en la gran ciudad no tenían nada que ver con los nuestros ¿le habría preguntado a Google por nuestras tarifas? porque ya entenderéis que este no es un dato que acostumbremos a publicar.

En definitiva, que estuvimos a punto de explicarle que andábamos con borrico para trasladarnos de un sitio a otro en nuestro antediluviano mundo rural. (entiéndase la ironía)

Me recuerda a otra anécdota que me contó una clienta no hace demasiado tiempo. Sus amigos de la capital se habían sorprendido cuando les explicó que sus reses tenían un chip y que a través de una aplicación en su móvil les mantenía bajo control gracias a la geolocalización. La pregunta era algo así como, ah, ¿pero en el pueblo tenías de esas cosas?  Ella les contestó que se comunicaban por tantanes.

Pero a los pocos días de mi propia anécdota, en otra conversación con otro cliente al que habíamos presentado una oferta, había recibido el “consejo” de una “experta” de la gran ciudad al respecto. Supongo que le había mirado con complacencia intentando escrutar si sabía (mi cliente) lo que decía cuando hablaba de innovación. Y no debieron de convencerla sus respuestas cuando se había permitido explicarle ella misma en qué consistía aquello. Por cierto, con errores garrafales y de bulto, dudo yo dónde adquirió la condición de experta. Una vez más, dio por hecho que alguien que habita el mundo rural no puede saber según qué cosas.

En definitiva, que a nuestra lucha contra el postureo del que se impregna la consultoría de innovación – ya sabéis bien a qué me refiero -, ahora tenemos que sumar la lucha contra los prejuicios. Esos prejuicios supongo que son los mismos que le han llevado a algún cliente bienintencionado a aconsejarnos que no contemos a nadie donde vivimos.

Ya espero de todo. Incluso que alguien me explique cómo funciona el plano del Metro de Madrid (esta es otra anécdota que me contó otra persona de confianza).

Unos clientes muy especiales que viven en una pequeñísima aldea explican en su storytelling que se puede hacer alto diseño desde un pueblo de Navarra. Ya lo creo que se puede. Me sirvo ahora de su lema y digo: se puede hacer consultoría de innovación desde un pueblo de Soria. Eso sí, el que está al otro lado tiene que entender que a los pueblos llegamos viajando, no en el tiempo, ni en borrico, sino en las autopistas de las mentes abiertas y flexibles.

 

 

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