No sólo de teletrabajadores vive la España Rural

Pretender que se puede repoblar la España interior sólo con teletrabajadores es tan poco creíble como pensar que la ruralidad se pueda servir sólo del turismo como medio de vida.

En este contexto que vivimos nosotros de activismo contra la despoblación, se escucha mucho últimamente hablar de teletrabajo y nómadas digitales. Si bien es cierto que la pandemia nos ha llevado, a la fuerza en muchos casos, de la oficina al salón de casa para trabajar, nos da un poco miedo apostar fuerte por este modelo, sobre todo como recurso para el reto demográfico.

teletrabajo España vacía

Banco de imágenes de Pixaby, by Daniel_Nebreda

Vaya por delante que hace años que empezamos a envidiar a esos compañeros/as, que trabajaban para multinacionales americanas, y que podían escoger quedarse en casa algunos días a la semana, teletrabajando. Nos parecía el “no va más” de la modernidad. Y seguimos pensándolo: no tiene sentido saturar un día y otro día las mismas carreteras, a las mismas horas, para llegar a esos “guetos” donde se concentran oficinas y restaurantes de comida rápida. Ni es eficiente, ni sostenible.

Ahora bien, ¿realmente el teletrabajo ha llegado para quedarse? Hablaba con una periodista hace unos días sobre el tema y no podía dejar de dudar. Nuestra cultura empresarial es desconfiada por naturaleza, primer hándicap. A los españoles – latinos, en general – nos encantan las relaciones sociales y, qué duda cabe, el trabajo es una fuente inagotable de ellas, segundo hándicap. Las viviendas, reconvertidas en oficinas provisionales, no reúnen en la mayoría de los casos condiciones adecuadas para trabajar, por no hablar de los problemas de convivencia con otros miembros de la familia, otro hándicap más.

Honestamente, pensamos que entramos en una nueva era del trabajo en la que se combinará lo presencial con el online; ojalá tomando lo mejor de ambos mundos. Sin duda se racionalizarán los viajes – tantas veces innecesarios y que tanta pérdida supone de tiempo, dinero, calidad ambiental… -, seguramente también algunas reuniones – que no pierden nada por trasladarse al online -, pero el modelo puro online es muy difícil que cuaje por lo que hemos comentado antes y alguna otra cosa más.

Siendo así, pensar que podemos utilizar a los teletrabajadores para repoblar la España Vaciada es un pelín arriesgado. Porque, ¿cuánto va a durar eso?

Pero vamos un paso más allá, ¿es realmente la mejor manera de contribuir al desarrollo de un territorio? Nos suena un poco como otra forma de turismo, diferente, seguramente de más larga duración, pero con escaso rendimiento en la productividad de una comarca, más allá de los negocios que viven de ello y que no son pocos.

Pensamos que no debemos apostarlo todo a esta carta. Bienvenidos teletrabajadores y nómadas digitales a la España Rural, sin duda, pero no podemos reconstruirnos sólo con ellos, como no podemos dinamizar el tejido productivo solo con turismo. En este reto complejo, normalmente, las soluciones simples no sirven de mucho.

Lo que sí es cierto es que el “tirón” que supone el acercamiento a los pueblos de una parte de la población activa hay que aprovecharle. En primer lugar, para crear las infraestructuras necesarias: conexiones de red, conexiones de transporte, espacios de coworking, rehabilitación de viviendas, administración electrónica… En segundo lugar, para mostrar en modo “pruebas” una alternativa vital que, quién sabe, puede terminar por convertirse en definitiva para los urbanitas que la experimentan. Y, en tercer lugar, para facilitar a las empresas y entidades locales el acceso a un talento que escasea en el entorno rural, no por capacidad, naturalmente, sino por cantidad.

 

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