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artículo propios de vivencias y conceptos sobre innovación de interés para empresas y emprendedores.

La cultura se come a la innovación para desayunar

En muchas organizaciones tradicionales la burocracia produce un barrera que impide la posibilidad de aterrizar a lo concreto la innovación.

Me va a permitir el maestro Drucker que le parafrasee en el título de esta entrada. Él nos enseñó que la cultura se come a la estrategia en el desayuno y no es muy distinto a lo que yo estoy diciendo aquí. Porque la innovación es estrategia en estado puro, lo hemos comentado muchas veces en el blog.

Foto: banco de imágenes de Pixabay, by josemdelaa

Pero voy a explicar por qué este giro de la expresión y el caso que nos ocupa.
Se suele decir que la gestión del cambio empieza por los líderes. En general, se asume que un cambio cultural en la organización se promueve “desde arriba”. La visión de los gestores es la que marca el rumbo y confiere esos valores y esa cultura que impregnan toda la organización.

Esto no se discute, por supuesto. Pero lo que sí cuestiono es la suficiencia de ese liderazgo, sobre todo en una organización tradicional y consolidada. ¿Hasta qué punto es suficiente el impulso de sus gestores o directivos para promover la innovación?
El caso que nos ocupa se desarrolla en una de estas organizaciones tradicionales. Sus actuales gestores/as tienen el impulso de lanzar iniciativas muy innovadoras. Se abren a escuchar y a cocrear con los clientes / usuarios / beneficiarios de sus nuevos productos y servicios. Están, por así decirlo, en una cultura de la innovación.

El problema llega cuando toca aterrizar esas innovaciones y convertirlas en proyectos tangibles que los cuadros medios y, en general, los técnicos tienen que desarrollar. Se topan aquí con la resistencia de una inercia construida a lo largo de los años, un modo de hacer que se sustenta en procedimientos y protocolos sobradamente conocidos. Es muy difícil luchar contra esa inercia, vencerla.

Existe un gap entre las personas que dirigen la organización y las encargadas de llevar las iniciativas a la práctica. Un agujero por donde se corre incluso el riesgo de perder esa posibilidad de innovar.
El efecto es perverso porque no es sólo que la innovación sea una necesidad sino que la propia incapacidad de llevarla a efecto en la práctica genera una frustración y un descreimiento que afecta a todos los grupos de interés: los clientes, los usuarios, los colaboradores, los trabajadores y la propia comunidad. El convencimiento de que nada cambiará.

No es la primera vez que nos enfrentamos a un caso así. Yo misma viví en una organización de mi pasado una situación parecida. En aquel momento luche lo indecible por vencer un sistema burocrático rígido que aplicaba el principio de la “legislación vigente” a todo cuanto se movía. Suerte que siempre conté con algunos aliados /as dentro de la propia organización que jugaron a favor de obra y con los que conseguimos poner en marcha algunas propuestas muy innovadoras.

El aprendizaje y la interiorización de los sistemas de gestión son aspectos importantes para la eficacia de las organizaciones: no se trata de reinventar la rueda cada vez. En este sentido, unos ciertos procedimientos son útiles para resolver cuestiones del día a día sin necesidad de replanteárselos a todas horas. Sin embargo, es igual de importante mantener un cierto enfoque de gestión activa que posibilite identificar cuándo es necesario inventar un nuevo sistema. En general, esto ocurre cada vez que se introduce una innovación, una solución nueva que no encaja en los patrones de cada día.

El problema de trasladar a la práctica la innovación, de aterrizarla, es que demasiadas veces en las organizaciones tradicionales, la burocracia ha sustituido a ese enfoque de gestión activa.
Y aquí volvemos al principio, tener unos líderes innovadores es necesario, imprescindible, pero no es suficiente si esa cultura de la innovación no cala hasta el último estamento de la organización.

 

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Marina Fernandez Arroyo
Escrito por Marina Fernandez Arroyo

Desde siempre aspiré a hacer de este un mundo mejor, más justo, más igualitario. Desde COCREANET, la empresa de la que soy socia y fundadora, aterrizo mi propósito en proyectos de innovación, empresarial, social y, ahora también, rural. Un compromiso con las personas y con la sociedad.

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