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artículo propios de vivencias y conceptos sobre innovación de interés para empresas y emprendedores.

Parálisis por análisis: la importancia de llegar antes en la toma de decisión

No resulta nada sencillo, en una cultura que ha primado tradicionalmente el resultado sobre el proceso, explicar la importancia de lanzarse a por una oportunidad aunque no tengamos todos los detalles bien atados. Por eso, la parálisis por análisis.

Nuestros emprendedores lo saben bien: si la primera versión de tu producto no te da vergüenza es que ya vas tarde. Afortunadísima enseñanza de nuestro maestro Steve Blank y todos los que han seguido la estela del enfoque ágil para el desarrollo de nuevos proyectos.

Foto: banco de imágenes de Pixabay, by Leonhard_Niederwimmer

Pero esto que se dice fácil resulta complejísimo cuando se trata de llevarlo a la práctica. Y, para nuestra frustración, no son pocos los clientes que se niegan a ello, a veces claramente y las más con excusas peregrinas: van retrasando el lanzamiento de su proyecto hasta que llega incluso a ser demasiado tarde.

Permitidme los lectores que haga un salto en este punto para hablar de algo tan temido como es la competencia. La competencia es buena, diríamos que imprescindible. También lo saben nuestros emprendedores: si no tienes competencia una de dos, o es que no te la has estudiado o es que no tienes un negocio.
Así es vaya por delante que cuando hablamos de “llegar antes” no buscamos necesariamente “llegar primero” (aunque, como en todo, a veces la agudeza es un plus que hay que valorar). Llegar antes significa no retrasar innecesariamente el momento de lanzar la primera prueba al mercado; con todos los inconvenientes que pueda representar, son muchas más las ventajas.
En primer lugar, los aprendizajes: el proceso de desarrollar y consolidar un producto o un servicio conlleva altas dosis de aprendizaje. Un aprendizaje que no puede tener lugar sino es a través de las pruebas reales de mercado: el aprendizaje validado que llamamos. Aprender es adquirir el conocimiento necesario – del mercado, del sector, de los clientes y usuarios, de proveedores, de la operación, de la forma de comercialización… – para explotar convenientemente una oportunidad de negocio. No hay forma de adquirir ese conocimiento dentro del edificio (en la oficina, tú y tu equipo con vuestros ordenadores), ya lo dijo Steve Blank.
En segundo lugar, la capacidad para hacer pedagogía también entre los posibles clientes / usuarios. Lo que no existe no se echa en falta, si algo es mejorable pero no se lleva al mercado es como si no existiera, da igual que lo tengas súper pensado, nadie se va a enterar. Las primeras versiones de un producto van a ser previsiblemente “compradas” por lo que llamamos “early adopters” y estos van a perdonar que no sea perfecto. Pero cuando el producto ya está en el mercado, aunque sólo sea visible para unos pocos adoptadores tempranos, está empezando a hacer historia, a ser reconocido, incluso a generar “hype” entre los entusiastas.
En tercer lugar, la oportunidad de romper tus propias barreras de confort. Es demasiado “fácil” esperar a que algo sea perfecto (ojo, hay gente que nunca considera que es lo suficientemente bueno), la falsa seguridad de que nadie te va a reprochar nada. Pero no es real. El crecimiento nunca está en la zona de confort. Es improbable que los seres humanos, cómodos que somos por naturaleza, nos aventurásemos a hacer algo nuevo sino es que nos sentimos obligados a ello. Por eso nuestra insistencia con los emprendedores. ¡¡Hazlo ya!!
Recientemente hemos vivido una situación con un cliente que nos ha demostrado una vez más que a veces retrasar innecesariamente un lanzamiento conduce directamente al fracaso. Tantas vueltas, tantos retoques, tanta parálisis por análisis, que cuando quiso lanzar el producto – algo bastante innovador en el contexto social y geográfico donde se estaba moviendo – ya se le habían adelantado. Dos aprendizajes de esto:

  1.  Las ideas son solo eso: ideas. No hay ideas maravillosas sino formas de ejecutarlas. En cualquier lugar habrá seguro otra persona (o muchas) pensando exactamente lo mismo que tú. Ser original es bien difícil.
  2. No tomar la decisión es en sí misma una toma de decisión y por tanto tiene consecuencias. Tu parálisis no hace que el mundo se pare, es sólo tuya y el mundo sigue girando. Si tú no lo haces otros lo harán por ti.

No nos cansaremos de repetirlo: la primera versión de un producto puede resultar imperfecta, mejorable, incluso “fea”, pero nunca un fracaso porque habrá logrado el objetivo siempre: aprender. El fracaso es la inacción.

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Marina Fernandez Arroyo
Escrito por Marina Fernandez Arroyo

Desde siempre aspiré a hacer de este un mundo mejor, más justo, más igualitario. Desde COCREANET, la empresa de la que soy socia y fundadora, aterrizo mi propósito en proyectos de innovación, empresarial, social y, ahora también, rural. Un compromiso con las personas y con la sociedad.

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