En algunos entornos con alta incertidumbre, acertar en lo que haces suele ser tarea complicada. Por este motivo, la glorificación de algunos de los fallos parece como la única forma de seguir recorriendo caminos complejos, pero no es del todo real.
El otro día, leyendo una maravilla de newsletter de Wes Kao muy recomendable hablaba sobre la tendencia del mundo relacionado con la innovación sobre la valoración de los fallos. Basada en la frase de Thomas Edison “No he fallado, si no que he identificado 10000 formas de que no funciona” se ha construido un montón sobre el uso de los fallos que cometemos.

Foto: by Pexels, Read this form Vie Studio
En el mundo anglosajón, el fallo es algo no tan mal visto en la sociedad. En muchos de estos países, curiosamente todos ellos con una religión protestante como predominante, se encuentra como algo permitido y aceptado socialmente. Mientras tanto, esta idea de que el fallo te enseña, en culturas más católicas, como es la más extendida en España, no es algo tan habitual. Hablando con amigos o con familiares, nunca se perdona si alguien ha intentado algo y no le ha salido exactamente como pensaba. Esto sucede en todos los ámbitos de la vida, como son el profesional, personal o incluso, social.
Fallar enseña, pero acertar también lo hace
Mi socia Marina siempre dice que fallar te enseña, pero que mola mucho más acertar y hacerlo genial. Nada más cercano a la realidad. Los aprendizajes validados siempre aportan a aquellos que lo ejecutan. Siempre es cierto que, al enfrentarnos ante hipótesis de cualquier tipo en el recorrido necesario para la validación de una solución, el fallo es algo que puede estar presente, pero no debe ser buscado con “especial interés”. Es mucho mejor pensar con anterioridad y retomando toda la información, pensar de forma adecuada la hipótesis y la forma de validarla, ya que supone unos recursos necesarios para su validación.
Este tipo de pensamiento, en muchas ocasiones, no es tan sencillo y en este punto es donde se debe fortalecer la idea de que el error enseña. Recuerdo un caso muy complejo en el desarrollo de una propuesta de solución de biotecnología donde el equipo emprendedor había ido validando todo el proceso, hasta que, evidentemente, por la misma complejidad del proceso, el resultado no fue como el esperado. ¿Esto significa que el equipo lo había pensado o desarrollado mal? Nada más lejos de la realidad. Este sentimiento de vulnerabilidad que se sufre ante esta circunstancia nos puede servir para mirar atrás y ver todo lo avanzado.
Aprender, aprender y seguir aprendiendo
En procesos de transferencia tecnológica, o en aquellos que el proceso puede generar una disrupción muy alta, validar las hipótesis más arriesgadas contiene un alto nivel de probabilidad de fallar. Fallar apostando por este tipo de acciones no debe suponer caer en ningún tipo de sentimiento de culpabilidad. Supone entrar a conocer una realidad que el entorno o el propio mercado no conoce aún. Por supuesto, aprendemos de los resultados, pero no supone ningún tipo de cortapisas ni barrera mental para continuar en el proceso.
Esto no debe suponer en ningún caso seguir apostando por las ideas. Si una hipótesis no se cumple, siempre podremos seguir intentando encontrar una propuesta que sea capaz de encajar en el entorno. Esto no puede suponer lo que cierto día nos comentó un equipo de innovación trabajando en un proyecto. “Este pensamiento erróneo ya detiene el proyecto” … Ni mucho menos debe ser así.
Seguir apostando por la creatividad para dar respuesta a los retos, seguir creyendo en nosotros mismos, en nuestro conocimiento y las ganas de sacarlo adelante deben ser el combustible que haga que sigamos peleando para intentar encontrar la solución adecuada. Consiste en no rendirse, sino en aprender y seguir aprendiendo hasta que sea capaz de dar con la propuesta adecuada.
Aunque la cultura de innovación nos pregone las virtudes del fallo, mejor pongamos foco en el aprendizaje, en el conocimiento validado y sigamos intentando aplicar “nuestra magia más poderosa” para sacar adelante nuestros procesos de innovación. El mundo, seguro, que lo necesita para hacerse mejor cada día.
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